Opinión

Nudo

Almudena Grandes

Diario El País

No quiero convertir esta columna en una interminable sucesión de preguntas, pero les confieso que desde el lunes pasado no he avanzado mucho. Si razonar consiste en partir del análisis de unos hechos para llegar a una conclusión, cualquier tentativa de pensamiento desemboca por fuerza en el estupor. Es fácil comprender que el ministro Soria se borre a sí mismo de un plumazo por haber mentido. Lo que no se entiende es por qué ha mentido, y no sólo porque debería haber previsto que los documentos iban a desmentirle, sino porque, además, sus mentiras representan una precaución incongruente con el argumento al que sigue recurriendo para afirmar su inocencia.

Si las sociedades Offshore son perfectamente legales, como sostienen todos sus propietarios y el ministro de Hacienda, no debería haber negado su participación en ellas. Es más, en ese caso, Rajoy ni siquiera debería haber aceptado su dimisión. Su partido, sin embargo, le ha puesto como ejemplo de persona honesta que dimite sin ningún indicio de irregularidad, omitiendo con mucho cuidado el término culpable. Es un caso raro, desde luego, tanto que no vale como ejemplo. La distinción entre ilegalidad e inmoralidad puede servir para salir del paso ante un micrófono, pero no resiste un análisis serio.

La única explicación verosímil de la actuación de Soria es el hábito de la impunidad, el espejismo de seguridad que llega a enturbiar la mente de alguien que, por encima de todo, se siente a salvo. Pero lo que de verdad importa en todo esto, sigue siendo el misterioso mecanismo, la turbia naturaleza de las sociedades offshore. Mientras no se explique con claridad, seguiremos viviendo en un libro absurdo, con planteamiento y desenlace, pero sin nudo alguno.

Las opiniones vertidas en el medio son de responsabilidad del autor.