Opinión

“No somos dueños de nada, solo de los momentos.”

Autor Desconocido
COLABORACIÓN DE LUIS GONZÁLEZ MORLA DESDE SANTIAGO DE CHILE PARA LA NACIÓN DE GUAYAQUIL-ECUADOR

 

 

Qué extraño es vivir
como si tuviéramos todo el tiempo del mundo,
aferrándonos a cosas,
personas,
lugares y planes,
sin recordar que nada
nos pertenece para siempre.

Creemos que somos dueños
de una casa,
de un trabajo,
de un amor,
de una familia,
de los años que vamos acumulando.

Pero la vida, con una sabiduría que a veces duele, termina enseñándonos que todo es prestado.

Las personas que amamos
no vienen con promesa de eternidad.
Los hijos crecen.
Los padres envejecen.
Los amigos toman caminos diferentes.
Las casas cambian.
Los cuerpos envejecen.

Y los días,
sin pedir permiso,
se convierten en recuerdos.

Por eso quizá la verdadera riqueza no está en poseer, sino en disfrutar.

En abrazar mientras podemos.

En decir “te quiero” antes de que sea demasiado tarde.

En sentarnos a conversar
sin mirar constantemente el reloj.

En hacer fotografías
no para presumirlas,
sino para recordar
aquellos momentos
que algún día serán todo
lo que nos quede.

Porque nadie puede guardar un amanecer en una caja.

Ni detener una tarde.

Ni comprar otro abrazo cuando ese fue el último.

Hay momentos que parecen pequeños
mientras suceden
y se vuelven enormes
cuando los recordamos.

Una comida en familia.

Una risa de mamá.

La voz de papá.

Una tarde con los hijos.

Un café con alguien querido.

Una canción que nos encontró
en el momento exacto.

Eso es lo que realmente poseemos: el instante vivido.

Lo demás puede irse.

Por eso no desperdicies la vida queriendo tener más, cuando quizá ya tienes mucho de aquello que algún día extrañarás.

No esperes a perder
para valorar.

No esperes una fecha especial
para abrazar.

No esperes estar viejo para comenzar a vivir.

Porque el tiempo no regresa
y la vida no nos avisa
cuándo estamos viviendo
la última vez de algo.

Hoy todavía puedes llamar.

Todavía puedes abrazar.

Todavía puedes perdonar.

Todavía puedes reír.

Todavía puedes mirar a alguien
y decirle cuánto significa para ti.

Hazlo.

Porque al final,
cuando las cosas materiales
dejen de importar,
cuando las fotografías
se vuelvan recuerdos
y cuando los años hayan pasado,
no recordarás cuánto tuviste.

Recordarás cómo te sentiste,
a quién amaste,
a quién abrazaste
y qué momentos hicieron
que valiera la pena vivir.

No somos dueños de nada.

Solo somos viajeros coleccionando instantes.

Y mientras estemos aquí, que la vida nos encuentre presentes, agradecidos y capaces de disfrutar cada momento que todavía tenemos la dicha de llamar nuestro.