Opinión

NO, NO PUEDE SER

Patricia Patt
Desde Buenos Aires/Argentina para La Nación de Guayaquil-Ecuador.

 

Las lágrimas del alma afloran en momentos como largos silencios, sueños repetidos, despertares a deshoras.

Mirar el techo desde la cama, como queriendo escapar por él.

Más una no puede esquilar los pensamientos hasta dejar la piel desprovista de abrigo, pero lo intento, porque estoy pensando hace días en que me sublevé a la vida que llevo, tapando los agujeros con palabras, dibujos y canciones.

Tapando esta última etapa de forma tal que se ahogue, porque los diálogos no existen. Diálogos que pudieron ser, se fueron y me dejaron con esta prosa que no es ni tan solo un cuento es poema-relato, poema sin piel, relato sin fuerza, porque el dolor del alma quita todo guion en el comienzo y luego se hace carne que sin querer llega a deshacer el corazón. Lo deja maltrecho, sin ganas de seguir.

¿Volverán mis oscuras noches, golondrinas de amor?

¿Volverán las palabras ardientes, a colgar de mi techo? o ¿Se me caerá el techo sobre la cama mientras duermo?

Y ella piensa todo esto y más si la melancolía la invade,

Y ella piensa en que los sentimientos, ya no sirven, son solo una parte, la otra, las sensaciones volaron rumbo al paraíso. Un paraíso que…que perdió porque muchas veces no fue lo suficiente amable por sentir seguridad en un cariño que no existió y que la dejó sin alma, sin noches, sin mañanas, sin días, sin tardes, sin desayunos, sin caricias, sin ramos de flores, sin bombones.

¡Sí! sin bom-bo-nesss…Y que in-jus-ti-cia ¡tan grande!, porque los bombones se disfrutan de a dos, nada que ver con comer golosinas sola, esas engordan, pero cuando se comparten es un ejercicio, mientras la caminata se hace larga porque hay ¡tantas cosas que contarse y que decirse!…

Y bueno, no se fue, no sé, solo dijo que ya estaba cansado de ella.

Pero sus palabras cayeron en saco roto, no fueron tomadas en serio.

Pasaron días, dos, tres días y ella seguía caminando sola, Durmiendo sola pues pensó que él estaba por ahí, solo pensando en ella. Pero….cuando ya los días se alargan y los minutos horas, y las horas días… ¿Qué queda?

Queda sí, ese sabor amargo que se anuda en la garganta y duele, duele mucho. Ya no hay guiones de diálogos, se hace aburrido escribir.

Entonces una vestida, (entiéndase ella), se recuesta en la cama mirando al techo para ver si por ahí se transforma en aspiradora y la chupa sin dejar rastro, ni de su polvo compacto tan caro…que ya ni intenta usar, pues hay algo que lo saca, lo destruye, lo destrona y son esas «lágrimas de melancolía que afloran por momentos», más en la noche y en casi todas las madrugadas sola.