Opinión

No hay garantías, pero hay que apoyar sin cuestionar. ¿Es así?

Por Gonzalo Antonio Zurita

Cortesía de: Desde mi Trinchera

 

La consulta y el referéndum son resultantes de la inestabilidad política del país y los fatigados intentos por enderezar el rumbo a pesar de la debilidad de su Estado de derecho. Las preguntas planteadas podrían constituir una nueva oportunidad para un inédito emprendimiento nacional, quizás, pero no necesariamente.

La condición legislativa del país es execrable. La naturaleza de sus leyes es directamente proporcional a la capacidad intelectual de sus legisladores y su reducción numérica, por simple aritmética, no imprimirá mayor calidad a la Asamblea Nacional. En el pasado, la ausencia de recursos estatales para los partidos nunca impidió campañas de amplio despliegue económico. Para venideros comicios, las significativas aportaciones en metálico quedarían exclusivamente relegadas para lavadores y poseedores de grandes fortunas. Aunque la procedencia del apoyo militar no ha sido especificada, la población esperaría nuevamente por bases estadounidenses. ¿Debería sobreentenderse así? ¿Acaso podrían ser también de otras potencias? ¿Será que la nueva representación fundacional se constituiría con los mejores exponentes constituyentes, al contrario de lo que sucede en el Parlamento?

La responsabilidad política por alcanzar un presunto futuro de bienestar debería también contrastarse, caso no lograrlo, con sus implícitos riesgos. ¿Existiría una ruta trazada en ambos sentidos? Sea como fuere, nada cambiará estructuralmente mientras los ciudadanos no se sometan finalmente a la supremacía legal de la resultante Constitución.