Opinión

No existen planes efectivos ante las infinitas necesidades del campesino.

Ing. Pedro Álava González, M.Sc.

Desde los E.E.U.U. para La Nacion de Guayaquil-Ecuador.

El punto de partida para apoyar nuestro agro es comprender la riña eterna entre lo ideal y la realidad en la que vive el sector agropecuario. Entendiendo primeramente que vivimos en un país con muy escasos ingresos, donde los cambios alcanzables tienen que ser graduales, resolviendo los más álgidos nudos del sector con mucha creatividad e inteligencia frente al escueto presupuesto que año tras año recibe el MAG. Resulta mezquino pretender remover fondos de otros sectores básicos para la población como seguridad, salud, educación, etc., para construir la Disneylandia agropecuaria, y ese debe ser el punto de partida para un cambio.

Mi experiencia me ha demostrado que en nuestro país, los tiempos en el ejercicio son tan cortos y que no ha existido un solo mandatario ni lo habrá en el futuro que pueda económicamente atender las múltiples necesidades del agro. Soy un técnico respetuoso de la ciencia y la tecnología, pero eso es irrelevante cuando hablamos de Ecuador; no hay dinero para pretender cambiar lastres que vienen siendo arrastrados por más de 50 años. Aquí el único concepto aplicable es hacer mucho por el sector con pocos recursos; suena ilógico pero tienes que saber qué botón aplastar y esa es nuestra dolorosa realidad por ser un país donde los ingresos son insuficientes.

En las actuales circunstancias, no podemos retroceder a las épocas de estudiantes universitarios escribiendo problemas que ya fueron identificados hace más de 5 décadas por muchos colegas bien intencionados. Todo esto nos obliga a entender que los procesos de cambio deben ser adaptados paulatinamente en función de nuestra realidad e inteligentemente adaptarnos a ella. La gran mayoría de nuestros políticos conocen los problemas del sector agropecuario y no ven con agrado cuando se les proponen planes alejados de la realidad económica y financiera que atraviesa el Ecuador, pues son inalcanzables. Por ello, es más recomendable enfocarse en la búsqueda de transformaciones específicas que nuestro campesino requiere inmediatamente y que son ejecutables financieramente por nuestros escuálidos ingresos.

Entiendo la frustración que puede haber detrás de esta afirmación, pero soy un «Hacedor» muy creyente, por ello muchos debemos pedir a Dios la serenidad para aceptar las cosas que no podemos cambiar, valor para cambiar las cosas que puedo cambiar y sabiduría para reconocer las diferencias.

En muchas ocasiones, los extensos planes de desarrollo agrícola pueden parecer desconectados de la realidad del campo y de las necesidades inmediatas de los agricultores. En cambio, la implementación efectiva e inteligente de programas más reales requiere acción, manejo austero de los recursos y un entendimiento profundo de las condiciones locales. El desarrollo del agro no solo necesita de planes bien elaborados, sino del 100% de la participación de los agricultores, el apoyo constante del gobierno y la colaboración de diversas entidades. La clave es hacer mucho con poco y convertir las palabras en acciones concretas y sostenibles que realmente beneficien a los que trabajan la tierra.