Opinión

No deberA�a ser el fin

Gustavo Duncan | @gusduncan

Las disidencias que surgen, como la de a�?Guachoa��, no son mA?s que ejA�rcitos de seA�ores de la guerra.

La captura de a�?Santricha��, filmado en la mA?s bochornosa actuaciA?n de traqueto que un revolucionario pueda permitirse, ha llevado a muchos a afirmar que se trata del fin del proceso de paz. Es cierto que fue un golpe duro a su credibilidad, pero no deberA�a ser el fin.

De entrada, hay que recordar que el objetivo principal del proceso se cumpliA? y es irreversible: la desmovilizaciA?n de una guerrilla jerarquizada, con aspiraciones de poder nacional y con capacidad de unificar la acciA?n de todos sus componentes. Es imposible para Timochenko, MA?rquez y demA?s mandos volver a organizar su tropa. Las disidencias que surgen, como la de a�?Guachoa��, no son mA?s que ejA�rcitos de seA�ores de la guerra. Solo eso es ya un A�xito incuestionable.

A?QuA� puede salir mal, entonces? Dos cosas. Por un lado, que la jefatura de la Farc no pueda insertarse en la polA�tica legal. Eso no estA? mal per se. Hay abundantes fuerzas de izquierda radical que pueden representar las preferencias de los electores sin tener tras de sA� todo un legado de delitos de lesa humanidad que no han sido reconocidos y de vA�ctimas que no han sido reparadas.

En realidad, la reforma rural integral y los procesos de sustituciA?n de cultivos van mal por la falta de recursos pA?blicos y la mediocridad del Gobierno.

Son fuerzas que, por la experiencia que tienen en la competencia democrA?tica, no cometen en sus prA?cticas cotidianas los errores que acostumbra la Farc y que le cuesta a la poblaciA?n que se identifica con ellos ser considerada en el debate polA�tico. Para dar una idea de la magnitud de esos errores, basta decir que Rafael Caro Quintero, el narco al que a�?Santricha�� le dedicA? un cuadro, en los 80 traficA? con la CIA para financiar a los a�?contrasa�� en CentroamA�rica.

Por otro lado, hay preocupaciA?n de que las reformas sociales de los acuerdos no se cumplan por el desprestigio en que han caA�do las Farc. En realidad, la reforma rural integral y los procesos de sustituciA?n de cultivos van mal por la falta de recursos pA?blicos y la mediocridad del Gobierno. Aun sin el escA?ndalo reciente, la capacidad de la Farc de influir sobre las decisiones polA�ticas es mA�nima, tal como lo demostraron sus escasos 52.000 votos en las elecciones a Senado.

SerA? tarea de otros que las reformas acordadas en La Habana se lleven a cabo. Algunas, como que el Estado por fin disponga de un catastro rural que cubra todo el territorio nacional, son prioritarias con o sin proceso. De hecho, la Farc, por su torpeza y su desprestigio, es mA?s un estorbo que una ayuda para sacarlas adelante.

GUSTAVO DUNCAN

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