Opinión

Niños abandonados, niños de la calle

Por: Lucy Angélica García/Portoviejo.
lucygarciachica@hotmail.com

 

 

 

He vivido lo suficiente, para corroborar a través de la historia, que la llamada «Justicia Social» es una hueca promesa, los niños de la calle son el fruto de ello, y lamentablemente serán los pobres del mañana.

Los niños, como caricaturas desdibujadas de los ruinosos barrios de calles polvorientas, los chicos de pantaloncillos rotos y zapatos roídos, de sonrisas aprendidas, sobreviven en una cotidiana lucha por la sobrevivencia en una sórdida dualidad de agonía y placebos.

Cuántos de ellos deambulan por las calles caminando de prisa,, mientras su padre pierde su mirada frente a un gastado bosquejo de un periódico amarillo, mirando en blanco y negro la esperanza descolorida la angustia ya sin fe, la decisión de abandonar, apostando a la vida y desafiando a la muerte.

Esta es una realidad que duele hondo y constante, ver a los niños en abandono y sin protección, dualidad sin precedentes; impotencia y tristeza, indiferencia y desamor, abundancia y carencia, ¿Cómo duele aquella realidad, de los pueblos donde la ignominia prevalece a pesar de todos los intentos de quienes protestan por la igualdad de derechos?. Pero la mano vuelve vacía, en una mal dirigida democracia, que se niega a cambiar la cruenta realidad, porque a ellos no les toca sentir hambre a falta de pan, porque más importante es llenar su despensa, saciar su hambre hasta hartarse, comprar el carro del año, organizar la mejor fiesta.

Pero también vale dar una mirada a ella, a la madre, la que se ve obligada por su pobreza a abandonar a sus hijos.¿ Qué hay de  aquellas que abandonan en un lugar cualquiera el fruto de su vientre?

Y sin más opción que la huida, y en una tibia manta, envuelve todo su amor junto con su hijo, dándole la espalda, para caminar frente al dolor.

Es posible que algunas, agobiadas e inermes, aún en pleno día yacen en aquellos laberintos de aquella enfermedad reservada para muchos, el olvido, ese dolor sin nombre, perdido en la memoria.

La ignominia le ha ganado al amor, la pobreza abraza a la ignorancia y la incoherente sociedad, que pregona, «justicia social e igualdad» es una hueca promesa.

 

La autora es docente y columnista internacional.