Opinión

Nicolás Maduro sólo está jugando a matar o morir

Tal vez el 23 de enero marque para los venezolanos el comienzo de un cambio en su tortuosa realidad de los últimos años.

Una vez más el pueblo de Venezuela salió ayer masivamente a las calles para demostrar su disconformidad con el régimen del dictador Nicolás Maduro (foto). Mientras que en Caracas, el presidente de la Asamblea Nacional, Juan Guaidó, juraba formalmente como presidente de la nación ante miles y miles de ciudadanos a los que les dijo: «Juro asumir formalmente las competencias del Ejecutivo Nacional como presidente encargado de Venezuela».

Pronto, la comunidad internacional mostró su apoyo a este ingeniero industrial de 35 años que justificó ante la gente: «Hermanos y hermanas: hoy doy el paso con ustedes, entendiendo que estamos en dictadura».

La Argentina junto a Brasil, Colombia, Chile, Paraguay, Perú, Ecuador, Estados Unidos, Canadá y la Organización de Estados Americanos (OEA) expresaron su apoyo al diputado opositor venezolano.

Mientras tanto, Nicolás Maduro salía a responder desde el palacio presidencial con su habitual violencia verbal sabiendo que sus hombres armados ya habían producido más de diez muertos durante los enfrentamientos en las calles.

Maduro pidió resistir hasta la muerte y acusó a Donald Trump de dirigir un golpe de Estado contra su gobierno y dispuso romper relaciones con los Estados Unidos dando un plazo de 72 horas a su personal diplomático para abandonar el país.

Puso un plazo para que Guaidó deponga su actitud y sostuvo habrá castigo a los culpables. Maduro cuenta, por ahora, con el respaldo de las Fuerzas Armadas de Venezuela, que si bien a medida que pasa el tiempo van dando muestras de sublevaciones internas que son abortadas, todavía mantienen a Maduro en el poder para no perder el negocio del narcotráfico, el contrabando y el formar parte de una casta privilegiada a la que no le falta nada mientras el pueblo sufre las más severas carencias de alimentos, medicinas y asistencia.

Maduro no dará un paso al costado, está enfermo de poder y su poca capacidad intelectual le impide ver una realidad dramática que vive su gente y se sostiene bajo la sombra de la memoria de Hugo Chávez.

Hace tan sólo unos días, en sus continuos delirios al menos sorprendentes, aseguró que había viajado al futuro y que había visto que todo salía bien y pidió a los venezolanos quedarse tranquilos.

Miles abandonan el país buscando sobrevivir al drama que impuso Maduro a fuerza de ejercer una dictadura irracional a la que importa poco la suerte de su pueblo mientras suponga que sigue teniendo el poder.

Vendrán días difíciles, sangrientos, con presos políticos y asesinatos como ha sido siempre.
Juan Guaidó deberá resistir pero está en clara desventaja y solo cuenta con el apoyo de la mayoría del pueblo venezolano y de muchas naciones del continente que parece mucho pero resulta poco ante quien detenta el poder de fuego, de policía y una justicia hecha a medida de la injusticia.

Maduro no se irá sin dar pelea y mucho menos exponerse a unas elecciones controladas, que demostrarían que las anteriores fueron producto del fraude y el miedo de la oposición.

Ayer pudo haber empezado un nuevo camino para ese país tan castigado por el populismo fácil de los petrodólares que cuando se terminaron dejó a un pueblo hambreado y sin futuro. No se construyeron fuentes de producción y sí ejércitos populares; no se pensó en el crecimiento del país sino en el mantenimiento del poder aun a costa de la sangre de los venezolanos.

Venezuela se juega su futuro, las cartas están echadas y uno de los jugadores ya anunció que preferirá morir antes de perder la partida.

Autor: V. CORDERO,ARGENTINA.