Opinión

Ni sombra, ni rastro

Jorge Alania Vera
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Desde Lima, Perú, para LA NACIÓN de Guayaquil, Ecuador.

 

 

¿Por qué alguien puede no querer dejar ningún rastro ni ninguna sombra en el mundo? ¿Por qué para cumplir ese deseo alucinado, ese alguien mata a tiros a su esposa y a sus seis hijos, la huella natural y biológicamente fidedigna de su paso por la vida?¿ Por qué para borrar su rastro de la faz de la tierra, quema su casa luego con todos los cuerpos adentro, incluido el suyo, abatido por mano propia?

Nadie, creo, puede responder a esta pregunta, ni siquiera los psiquiatras. Ernesto Cardenal en su oración por Marylin Monroe escribió: “…Ella tenía hambre de amor y le ofrecimos tranquilizantes/ Para la tristeza de no ser santos /se le recomendó el Psicoanálisis.”

Kristopher y Amanda Karolkiewicz y tenían seis hijos, de entre 5 y 15 años. Todos murieron el viernes pasado por heridas de bala en su vivienda en Grand Haven Township, en la orilla oriental del lago Michigan. Karolkiewicz de 47 años se quitó la vida después de asesinar a la familia y sus macotas. El incendio fue provocado después de los crímenes, quedando la casa completamente calcinada.

Era una familia al parecer feliz, con su casa, sus sueños cumplidos, su pequeño jardín, sus mascotas, Dios. La esposa tenía un trabajo por internet y Kristopher era un alto ejecutivo de una empresa de marketing. Su holgura económica les permitió adoptar más hijos además de los tres propios. Amanda escribió en el 2015 en su blog: «Mis hijos tienen ese ejemplo real de un padre desinteresado, semejante a Cristo». Kris Karolkiewicz, por su parte, dejó en el Facebook esta frase en el 2019: «Soy un tipo con mucha suerte».

¿Qué pasó en la familia después de esos años? Nada aparentemente relevante. Nadie de su comunidad pudo advertir esa particular forma de infelicidad que todas las familias que no son felices tienen, a la que se refiere León Tolstoi en su novela Ana Karenina. Así, los testimonios de vecinos, amigos, colegas de uno y de otra, señalaron diversas características que confirman ese párrafo de Tolstoi: “Todas las familias felices son iguales y las que no lo son tienen cada una su particular forma de infelicidad.”

Kristopher no era un criminal pero mató como un asesino en serie y Amanda fue incapaz de advertir esa silenciosa transformación que enajenó a su marido. La familia Karolkiewicz desapareció del mundo. Ni el rastro, ni la sombra quedó de ella. En el barrio de Grand Haven Township , en Michigan, una foto, acaso la última, acaba de ser borrada por la lluvia.