Opinión

Ni los muertos descansan en la masificada Singapur

Noel Caballero

@Efe

Ni los muertos tienen asegurada la paz en Singapur, una pequeña nación que tiene uno de los mayores nivel en densidad de población del mundo y donde los camposantos son realojados para dejar terreno a la vorágine urbanística.

El cementerio de Bukit Brown, situado junto a uno de los pocos bosques que sobreviven en esta ciudad-estado que el domingo cumple medio siglo de independencia, ha quedado partido por la construcción de una autopista de ocho carriles iniciada el año pasado.

Los cuerpos de unas 4.000 tumbas, de las más de 100.000 que alberga la necrópolis, fueron exhumados por las autoridades locales en 2013 con el fin de limpiar el terreno ante la llegada de la maquinaria pesada.

«Es un área de terreno de gran extensión. Hay muchos sepulcros sin registrar por lo que se desconoce el número exacto de desenterramientos», apunta Catherine Lim, voluntaria de una pequeña comunidad cuyo objetivo es preservar la herencia histórica de Bukit Brown y darlo a conocer con visitas guiadas.

Este cementerio, donde se encuentran sepulcros que datan de principios del siglo XX y variedades de flora únicas en la zona según conservacionistas, es un lugar de gran importancia histórica que alberga una de las mayores concentraciones de mausoleos de la comunidad china fuera del gigante asiático.

«El principal problema es que con la construcción los familiares pierden la orientación y los puntos de referencia de las tumbas de sus ancestros», apunta Lim.

Entre los planes maestros del Gobierno de Singapur también se hallan proyectos «no concretados» para ubicar una zona residencial en el terreno ocupado por el camposanto.

Singapur, país conocido por sus bancos, alta tecnología y lujosos casinos, se ha convertido en la principal economía y centro de comercio del Sudeste Asiático.

En la diminuta nación, que tiene la tercer mayor densidad poblacional del mundo con 7.669 habitantes por kilómetro cuadrado, escasea el terreno para construir viviendas lo que encarece los precios de compra y alquiler de casas y apartamentos.

El Gobierno singapurés trata de solucionar este problema con la financiación de torres de pisos de protección oficial, donde viven más del 80 por ciento de los 5,5 millones de personas que habitan en Singapur, según cifras del Departamento de Estadísticas.

La presión por la carencia de suelo para el desarrollo urbano también amenaza otros camposantos de la ciudad-estado, como el cementerio musulmán de Jalan Kubor, el segundo más antiguo del país.

Desde la independencia de Singapur (1965), más de una veintena de cementerios han sido profanados por las excavadores con el objetivo de hacer hueco a edificios e infraestructuras.

De momento la comunidad a la que pertenece Liam ha logrado que Bukit Brown fuera incluido en la lista de la ONG «World Monuments Fund», dedicada a la preservación de sitios de arquitectura histórica y patrimonio cultural de todo el mundo.

Al menos 30 personas enterradas en Bukit Brown tienen calles con su nombre en la ciudad-estado.

«Entendemos que se necesiten tierras en aras del desarrollo, pero también estos planes económicos deben comprometerse a preservar la herencia de los antepasados», sentencia Lim.

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