Opinión

Necesitamos líderes

¿Qué es un líder? Lo primero que se nos ocurre es una suerte de superhéroe que dirige y protege a quienes lo siguen; esta concepción ha quedado obsoleta, al igual que los clásicos programas de liderazgo basados en modelos de éxito para una realidad pretérita y no para una realidad actual, menos para una realidad futura. La mayoría de las empresas tienen problemas para cubrir puestos directivos por la falta de talento, para ello recurren a la capacitación corporativa: coaching, mentoring, counseling, etc.; aún así, fallan en la formación de grandes líderes.

Existe una gravitante preocupación en la preparación para el liderazgo: ¿por qué hay déficit de líderes si se invierte cada vez más en programas de liderazgo? ¿Qué hacen los grandes líderes para prosperar y desarrollarse? Para responder estas preguntas se deben estudiar a profundidad las prácticas de liderazgo en las empresas, en organismos sin fines lucro y hasta en países; es indudable el liderazgo de Nelson Mandela en Sudáfrica, los líderes de los organismos sin ánimo de lucro que con escasos recursos financieros realizan tareas titánicas en beneficio de los más necesitados y que tienen gran impacto en la sociedad; no podemos dejar pasar por alto el ambiente en el que el líder se desarrolla, las acciones que realiza y el impacto que su actuación acarrea.

Las características de los nuevos líderes han ido cambiando con el tiempo, así como la preparación que hace que las personas desarrollen su potencial en su máxima expresión. En pleno siglo XXI, en un mundo cada vez más global, digital y transparente, ya no se puede –ni se debe– depender de las prácticas tradicionales de desarrollo de liderazgo, las evaluaciones tradicionales y los criterios a evaluar resultan obsoletos.

El liderazgo de este nuevo milenio se define por lo siguiente: el líder debe ser capaz de saber dónde está buscando las condiciones necesarias para el próximo cambio del modelo de negocio o de su vida personal, debe estar preparado y listo, jamás está cabeza abajo, está alerta a lo que se viene, construye el futuro, no reacciona ante él; el líder debe conocer la diversidad de quienes conforman su equipo y aprovechar las diferencias, debe ser capaz de relacionarse con todas y cada una de las personas que son diferentes a él y diferentes entre sí, ya sean diferencias biológicas, físicas, funcionales, políticas, culturales, socioeconómicas, etc., a pesar de todas esas diferencias deben conectarse con el líder y confiar en él para cooperar hacia la consecución de un objetivo común; el líder debe tener el coraje de abandonar una práctica exitosa del pasado, debe dejar de hacer lo que le resulta familiar y cómodo (zona de confort), debe atreverse a ser diferente, no solo habla de tomar riesgos, realmente los toma, quienes lo siguen están convencidos de dar un valiente salto con su líder a la cabeza.

Un líder del siglo XXI debe ser una persona que está preparada no para la previsibilidad cómoda del ayer sino para la realidad de hoy y todas las posibilidades desconocidas del mañana.

Por: Willy Ramírez Chávarry/Perù.