Opinión

NARCOELECTORERISMO

Orlando Amores Terán/Quito

La población joven que va de los 16 a los 40 años, representa el 60% del electorado. Tenían un año de nacidos y 25 años respectivamente, cuando el narcoterrorismo internacional se tomó el poder, durante la década infame 2007-17. Es el segmento poblacional más deteriorado, por el atraco de los bienes del Estado, puesto que los narcoterroristas despilfarraron 310.000 MUSD de los 400.000 MUSD que tuvieron de ingreso durante ésa década, que fue la de mayor bonanza petrolera e ingreso fiscal de nuestra historia; impusieron legislación aberrante, diseñada para favorecer el delito, proteger a criminales, anteponiendo los DDHH de delincuentes, terroristas, al interés general de la sociedad; instauraron el microtráfico por ley, por medio de la «tabla de consumo de drogas»; impusieron el asesinato de reputación, para tergiversar la historia, crear falsos valores; pisotearon nuestras instituciones, usos y costumbres; deshonraron nuestras creencias; profanaron nuestras libertades; subsidiaron el crimen, pagando defensores públicos y «del pueblo» para que defiendan al hampa; subsidiaron la vagancia, otorgando «bonos de pobreza»; subsidiaron la irresponsabilidad reproductiva, distribuyendo «bonos por embarazo»; envilecieron a nuestro pueblo con propaganda triunfalista, cínica, engañosa, a través de sabatinas, enlaces ciudadanos, «rendición de cuentas».

Ahí están los resultados: jóvenes sin empleo, sin acceso a la universidad, niñas embarazadas, millares de resentidos sociales, niños que se suicidan. De ahí surge el hampa. De ese segmento poblacional se nutre el narcoterrorismo. Urge desarmar el narco-Estado, reformar la legislación nociva, reeducar a toda la población en valores morales, cívicos, patrióticos, históricos, culturales, religiosos, éticos, y a la fuerza pública, además, en contrainsurgencia; impulsar la educación técnica, a través del servicio militar obligatorio; la investigación científica; la obra pública para el desarrollo agropecuario, mediante caminos rurales, embalses de agua para evitar inundaciones, para uso humano, animal, riego; el desarrollo fronterizo.

Debemos detener la extorsión, es inadmisible que el narcoestado subsidie la irresponsabilidad, la vagancia, el crimen, robando los ahorros de nuestras familias, a través de impuestos, para despilfarrarlos en «bonos», que son obsequios que hace el narcoterrorismo, para sembrar votos y comprar lealtades. Quienes trabajan para el Estado o reciben dieta, honorario, sueldo, subsidio, bono o cualquier otra dádiva del erario público, no deben votar, son paniaguados de los políticos de turno.

Es inmoral que ejerzan el derecho al voto, por agradecimiento, cuyos estómagos están satisfechos, en base al robo de los ahorros de nuestras familias.