Opinión

NACÍ EN GUAYAQUIL

Autor Desconocido.
Colaboración de Pedro Lilliegren C./Guayaquil

Nací en Guayaquil, ECUADOR, mi linda ciudad, donde estudié la primaria, secundaria y universidad, donde la familia era el comienzo de todo.

No había dramas porque las situaciones se cortaban de raíz… y borrón y cuenta nueva.

Si te portabas mal te daban un correazo, latigazo, zapatillazo (o varios, jajaja).

Los niños no discutían con sus padres, los padres eran la ley.

Los primos eran tus hermanos y los compañeros de escuela y colegio eran tus primos, los profesores eran modelos y no se les faltaba el respeto.

Me enseñaron a saludar, a despedirme, a decir gracias y a pedir permiso y uy a entender el lenguaje de los ojos, principalmente de los ojos de las mamás.

Salíamos a jugar con los vecinos (los vecinos de antes) todos juntos, era toda una aventura, hacíamos «excursiones» por zonas cercanas y unas más lejanas como ir a pie a otros barrios y terminar en la biblioteca de los cuentos, belleza pura, con amigas y amigos jeje, jugábamos a la rayuela, a las escondidas, a las estatuas, saltar la cuerda, al quemado, canicas, pelota, al elástico.

¡Comíamos lo que nuestras madres cocinaban y PUNTO! Comimos mantequilla de la nata que salía al hervir la leche, arroz con leche, natillas, arroz con atún riquísimo y los domingos chocolate caliente con aplanchados mixtos, no podían faltar los bolos de la tienda del barrio, las ciruelas, el mango y las grosellas curtidas a la salida del colegio, sin olvidarnos del Pinol, los caramelos limber, los chicles pollito, ¡los dulces de guayaba cubiertos con azúcar!

Podíamos caminar de arriba para abajo o nos montábamos en nuestras bicicletas o salíamos corriendo detrás de los que tenían una jejeje e íbamos a casa de un vecino amigo.

No teníamos miedo a nada y respetábamos a nuestros ancianos. Se nos enseñó el respeto por los demás y por la propiedad ajena.

No se hablaba si un adulto estaba hablando. Si alguien tuvo una pelea, fue una pelea de puños. ¡Los niños no tenían armas cuando crecimos, excepto revólveres de palo o de fulminantes para jugar de vaqueros en los caballos de palos!… En el carnaval salíamos a mojarnos el uno al otro con nuestros amigos y no había ningún problema. La «guerra» de bombas con los vecinos: infaltable.

¡Cómo gozábamos! Y ni hablar de los paseos, nos reuníamos a conversar por las noches en una camioneta antigua que tenía parqueada un vecino hasta que nuestras mamás nos llamaban a dormir, nuestros padres trabajaban mientras nosotros jugábamos sin parar… Y esperábamos que nos llamen a la casa para comer…qué tiempos aquellos, cuando sabíamos que era hora de entrar con un chiflido o grito de nuestras mamás, o con el sonido de la SIRENA que era infalible, todos entrábamos.

Nos encantó ir al colegio porque teníamos amor, cariño y respeto por los profesores y teníamos la dicha de ver a nuestros compañeros que hoy son nuestros grandes amigos (los recreos sentados en cualquier banco y nadie le faltaba el respeto a un profesor porque era como nuestros segundos padres).

De la boca de nuestros abuelitos escuchábamos historias y consejos porque sabíamos que si le faltábamos el respeto a algún adulto nos darían una nalgada, un correazo, un pellizco o una buena paliza.

Cuando pasaba un avión o helicóptero todos los niños salíamos a verlo y le gritábamos: Adiós» Jejejejeje… ¡Ni se diga de bañarse en un aguacero, en los chorros! eso era diversión pura.

Nos metíamos a la casa de nuestros vecinos y la mamá nos daba comida a todos, nadie cogía nada sin permiso y no se hacía tanto desorden porque siempre nos ponían a recoger. Conocíamos a todos los de la cuadra y todos nos echaban ojo.

Y ni qué decir de cuando de lejos se veía donde llegaba mi papá, gritábamos: «mi papá, mi papá» y se unían mis vecinos también.
Cuando llamaban a dormir a alguno de los del grupo del barrio, todos se iban a sus casas.

Yo si quiero que mis hijos, sobrinos, hijos de mis amigos, ¡todos puedan tener la fortuna de vivir así de sanos y felices!

ORGULLOSO DE HABER VIVIDO ESOS TIEMPOS

Cómo quisiera que pudiéramos volver a esos tiempos porque estamos perdiendo a nuestros hijos en una sociedad sin respeto a la autoridad, la compasión y sensibilidad por los demás y sumidos en la tecnología.

¡Si te sientes orgulloso de que vienes de una familia unida y cerca de la comunidad, repostea y nunca olvides de donde viniste! mi Barrio, mi Familia, mis amigos de infancia y colegio… Lo mejor del mundo…