Opinión

Música de fondo

Jorge Alania Vera
Jorge.alania@gmail.com
Desde Lima, Perú, para LA NACIÓN de Guayaquil, Ecuador

 

En ese himno del Heavy Metal, que se llama Master of puppets, se cuenta la historia de lo que las drogas pueden y hacen en el organismo humano. Pero no es sólo la letra, sino la música, sobre todo la música. Los compases y las melodías van cambiando magistralmente al ritmo de la intoxicación, la rehabilitación, la lucha y finalmente la destrucción de quien le confió a una sustancia extraña y adictiva su salvación y su felicidad.

Yo soy tu fuente de auto-destrucción, clama la droga, “venas que bombean con miedo, chupando el claro más oscuro, dirigiendo la construcción de tu muerte.” Y luego la burla que es el estribillo: “Pruébame, y tu veras que lo único que necesitas es más…obedece a tu Amo…estoy tirando de tus cuerdas, retorciendo tu mente y machacando tus sueños…Solo di mi nombre, porque yo te oiré gritar: Amo, amo, amo…”

En la música el fondo es la forma, sonidos ordenados para contar una historia, presentar un sentimiento o escenificar un drama. Master of puppets es una poema y a la vez una melodía que encarna una historia. Sucede lo mismo con, por ejemplo, el Bolero o Fandango de Maurice Ravel que cuenta con notas una relación sexual en sus diversos tramos. El juego erótico inicial, las caricias, la fuerza latente de la penetración y el abrazo de los cuerpos, y finalmente la dulzura y la paz del amor esparcido sobre una cama.

En la famosa pastoral de Beethoven, su sinfonía número seis, el coloso alemán quería describir con las notas la belleza de la naturaleza. Se sabe que los enfermos de Alzheimer, lo último que olvidan son algunas melodías de su niñez. ¿Recordarán sus historias? Seguramente sí pero ya son inefables. ¿Quién, al escuchar cierta música no se estremece de emoción interior porque ella, al margen de su letra, le cuenta una historia, la suya? Ya no importa la palabra escuchada alguna vez sino la música en la que esa palabra se encarnó para decir cosas entrañables.

Te ayudaré a morir, le dice la droga al adicto en la parte final de Master of puppets. Marionetas de lástima no responden al grito del lastimado. Luchó y luchó pero ello no fue suficiente. La metástasis de la droga no sólo se apodera del cuerpo sino del alma. La batería enloquece y la canción se va volviendo silencio.

Es verdad: “Laberinto sin fin, naufraga en días numerados, ahora tu vida está fuera de cualquier estación.” Hay una risotada bronca y bárbara a la que le siguen carcajadas neuróticas que no son de sarcasmo sino de triunfo. La muerte no se burla de la vida sino que proclama su victoria frente a ella. El maestro de marionetas ha vencido y éstas desaparecen del escenario no con una nota sino con una burla.

Toda vida tiene una música de fondo que siempre nos repite: te ayudaré a vivir…Escuchémosla.