Opinión

Mundo redondo

A Henry Kissinger, en diversas ocasiones, Antonio Garrigues Walker lo ha oído de cerca. Digamos que también ha influido la suerte del apellido: es por orden alfabético como los integrantes de la Comisión Trilateral se distribuyen en sus sesiones plenarias. Creada a principios de la década de los setenta en una fase avanzada de la guerra fría, la Trilateral es un foro privado que reunía y reúne a líderes –políticos, económicos, sociales, mediáticos– que asumen como óptimo el modelo de sociedad que se organiza en torno a la democracia liberal y la economía de mercado. De entrada, sus integrantes provenían de Estados Unidos y Canadá, Europa y Japón, y desde siempre pensaban el presente y el futuro con mentalidad global. Más que un lobby de presión, como la rumorología de la conspiración imaginaba, constituye un grupo de élite donde sus miembros conocen y discuten información de alto nivel. Una información geopolítica, y así lo ejemplificaba un Kissinger cuyas intervenciones eran escuchadas con redoblado silencio, que permite pensar el mundo en redondo.

Así es como piensa el abogado Garrigues en Manual para vivir en la era de la incertidumbre, escrito en colaboración con el sabio Antonio García Maldonado y que debatiremos este jueves en el Cercle d’Economia. Su reflexión nos lleva del despacho oval a Pekín pasando por la plaza Tahrir. Y de los múltiples ensayos que abordan el tema de nuestra era –el de la crisis de la democracia liberal y el surgimiento de los populismos no como causa sino como consecuencia de dicha crisis–, pocos como este asumen con tanta honestidad un punto de vista autocrítico con la propia posición ideológica. Él, paradigma de los victoriosos de la guerra fría, afirma que los liberales se desconectaron de su sociedad al desatender las razones de una protesta justa y creciente: la derivada del trasvase de la riqueza de las clases medias y trabajadoras hacia las potencias emergentes, pero también hacia el gran capital occidental. En ese deslazamiento ha anidado la desconfianza y el malestar mientras la economía se hacía global, pero no lo hacía un sistema democrático cuya pervivencia exige hoy la reescritura del contrato social.

Autor: Jordi Amat/España.