Opinión

Mis verdaderas heroínas…

Dr. Jorge Norero González / Guayaquil

 

No solo de pie y aplaudiendo, cada uno de nosotros y de manera mayoritaria, deberíamos, como de hecho yo hago, reconocer, valorar y agradecer esa gigantesca labor diaria y permanente de aquellas mujeres responsables por mantener, cuidar y proteger su hogar, su familia, su legado…

En las diferentes etapas de nuestra vida, indiscutiblemente ese lugar privilegiado, desde que nacemos hasta que nos independizamos, para formar nuestras propias familias junto a la mujer que escogemos como compañera, lo tienen nuestras madres. Esa adorable persona que siempre estuvo atenta y dispuesta, hasta entregar su propia felicidad, sueños y privilegios para vernos crecer y sentir que su sacrificio valió la pena. Para mirar con nostalgia que sus hijos siempre serán el mayor premio y felicidad de su existencia…

Ya libres, formados e independientes, nuestra compañera, amiga, esposa, madre, se convierte en la piedra angular, en el eje fundamental de cualquier familia, porque el éxito de mantener unido, fuerte y sólido su hogar dependerá de las herramientas y armas que logró en silencio desarrollar, para que la seguridad, estabilidad, lazos, sueños y el amor por su familia perduren en el tiempo y se haga realidad aquello de «para toda la vida», terminando con un final feliz, todo su proyecto de la familia que quería tener y construir…

Por todo ello, ¿cómo no aplaudir a mi compañera, si por ella tengo la satisfacción y el orgullo de tener una familia maravillosa, unos hijos nuestros y míos, cariñosos, sencillos, respetuosos, amantes y temerosos de Dios y de los mayores…

Muchas veces los hombres no agradecemos quizás por prejuicios o por la pérfida costumbre, ese sacrificio de esas valiosas mujeres, que siendo profesionales y muy exitosas, hacen de empleadas, cocineras, choferes, lavanderas, meseras, guardianes, recepcionistas, secretarias, educadoras, maestras, costureras, enfermeras, y en tantas otras tareas, que con toda seguridad, de ellas nos servimos, pero que nunca entregamos condecoraciones, que con todo derecho merecen esos seres maravillosos que la naturaleza y Dios nos entregan para construir unidos la máxima obra de la creación…

Por ello, yo aplaudo de pie y por siempre, a mis heroínas… les agradezco por ser y estar, sin ellas nuestra vida no tendría propósito, porque nada podrá reemplazar su compañía perfecta. Gracias amores.

 

Semper Fi.