Opinión

Miradas Las avenidas del deporte

Ciudad mágica para unos, Ciudad de la furia para otros, según el corte que le toque a cada uno… Sin embargo, durante doce días, varias zonas de la ciudad de Buenos Aires no tuvieron nada que ver con sus ritmos y furias cotidianas. Allí no hubo grieta, ni polémicas. Desde los lagos de Palermo hasta Villa Soldati, desde Parque Sarmiento hasta Puerto Madero, los Juegos Olímpicos de la Juventud le abrieron, sorpresivamente, un rostro más amable, y que dejó encantados a los visitantes. Igual de sorpresiva resultó la convocatoria a nuestro público, descubriendo y alentando a las futuras generaciones de olímpicos argentinos. Se vieron tanto en los deportes clásicos de los Juegos, como en disciplinas nuevas que tratan de hacerse un hueco en el movimiento olímpico. Tanto en lo organizativo, como en los resultados deportivos y en la repercusión popular, fue un suceso. Valorable.

 

También, aquellos visitantes (se calcula que eran más de 10 mil), podían descubrir la excitación cultural típica de Buenos Aires y su múltiple oferta de espectáculos. Afortunadamente, y más allá de los vaivenes económicos, se mantiene. Los propios Juegos tuvieron su fiesta de apertura vanguardista y una clausura, más austera. Fuera de aquel recinto, las acuarelas de Turner en el Bellas Artes, las performances en las salas más diversas, el despliegue de “La Bohéme” en el Colón y la guitarra de Adrian Belew el cruce de distintas generaciones de artistas fotográficos en Fola con “Congruencia” o los últimos lanzamientos literarios -desde Schweblin hasta Gainza- reflejan esa dinámica cultural.

 

Fuente:  Diario El Clarín