Opinión

Mi viaje a Holanda

María Elena Aguirre Moreno
Desde Wroclaw, Polonia para LA NACIÓN de Guayaquil, Ecuador

 

En estos últimos días tuve la oportunidad de viajar a Holanda. Llegar al aeropuerto de Ámsterdam y constatar su magnitud me convenció que Holanda no sólo tiene un enorme tráfico aéreo mundial; sino que es un país muy grande en muchos aspectos.

Caminar en el centro de La Haya da lugar a confirmar que Holanda es un país multicultural; no desde la retórica como muchos otros; sino desde la genuina integración que Los Países Bajos, como bien se conoce a este país; ha sabido integrar en el justo valor a las distintas nacionalidades que han ido allá en búsqueda de un anhelado futuro que sus respectivos países no han sido capaces de hacerlo.

Viajar en tranvía y en la perfecta red de trenes de Holanda entre ciudades como Shipol, Delf, Harlem, Leiden ratifica que las diferencias no existen; primera y segunda clase sólo se diferencian por el color de sus asientos; esto es: el que tiene más recursos económicos paga más y el que tiene menos paga en esa proporción. Por tanto, el pobre nunca se va a sentir en desventaja con respecto al adinerado porque no hay lujo; ni ostentación. A diferencia de toda Europa; son exactamente los mismos, las mismas ventanas, mesas, corredores.

La economía holandesa se nutre de la honestidad el que más tiene paga más impuestos y los impuestos se ven en el sistema público de educación, en el sistema de salud, en la infraestructura de la nación en general.

Un letrero de reclutamiento de empleados para una cadena de restaurantes que vi en la bellísima ciudad de Leiden me llamó notablemente la atención. Salario por hora: de 15 a 17 años €5, de 17 a 20 años €10, de 20 a 22 años €13 la hora. Cuánta democracia reflejada en esta justa distribución del salario acorde a las necesidades concomitantes a la edad.

La experiencia es muy valorada en Holanda; el conocimiento también; el manejo de distintos idiomas y las destrezas manuales, intelectuales, académicas y profesionales.

Todos: árabes, Indios africanos, asiáticos, latinos, europeos; blancos, negros, amarillos, cobrizos, cenizos; musulmanes, islámicos, protestantes, católicos, ortodoxos, evangélicos; en resumen todos suman en Holanda y se suben simbólicamente a la misma bicicleta donde pedalean hacia una cada vez más perfecta democracia que garantiza la tolerancia y la paz entre las distintas etnias y culturas del mundo; embarcados todos en los Majestuosos Molinos de Viento que inundan Holanda y muestran que la Guerra es contraria a la igualdad de derecho y oportunidades; lo que ratifica los principio fundamentales de la más avanzada de las democracias del planeta.