Opinión

Mi primer clásico

Silvio Devoto Passano

sidepaderby@hotmail.com

Tenía apenas diez años, había “escapado” de la cancha de bochas de don Carlos Frugone, situado en la manzana formada por las calles Portete, Coronel, Venezuela y Chimborazo, donde los italianos se reunían las tardes dominicales a disfrutar su único día de descanso, para luego ir al hipódromo, lo hacía casi todos los domingos y esta vez no podía faltar, corría GRAND GAMIN, el IDOLO DEL JOCKEY CLUB, primer gran caballo que grité con todo el alma, igual que los goles del “cholo” Chuchuca en el “Capwell” las noches de miércoles y sábado.

GRAND GAMIN, como ya era costumbre, ganó en formidable atropellada y a su retorno al pesaje, una vez más, el Cap. Hugo Figueredo se sacó su elegante y fino sombrero Montecristi y lo echó como alfombra para que el hijo del Sargento Mayor lo “enriqueciera” pisándolo. Yo, con una botella de Coca Cola en la mano, festejaba a mi manera, con lágrimas de felicidad recorriendo mis mejillas, la victoria de un caballo, de mi caballo, que me habría brindado una de las primeras grandes alegrías, aquellas que jamás serán borradas del corazón.

Hoy, vuelvo a vivir esa tarde visiblemente emocionado cual si fuera hoy añorando bellos momentos de una niñez sana como la de todos los guayaquileños que disfrutábamos del baloncesto, de la pelota chica, del boxeo y naturalmente del balompié y los caballos.

Qué quieren que les digan, eran otros tiempos, era otra hípica, era otro Guayaquil.

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