Opinión

Mi playa…

Dr. Miguel Palacios Frugone/Guayaquil

En mi vida hay una playa secreta.

En su silencio se escucha los cantos

del mar y el sonido del viento sin fin.

La blanca arena baja hacia el agua

que brilla como diamante.

Sus flores acarician mi piel mientras

murmuran palabras de amor.

Sin esta playa, estaría perdido.

Es mi refugio de soledad.

Un sueño mío; un abrazo que me ampara

cuando estoy triste o necesito acordarme

de quien soy.

Esa playa eres tú.

Tú me hiciste ese regalo.

Pienso en lo que ha pasado desde

la primera vez que te vi y me doy cuenta

que ha sido un tiempo de profunda intensidad.

Recuerdo mis paseos frente al mar mientras

respiraba la desesperación de no tenerte o la

maravilla de verte en un momento inesperado.

Veo como se ha escrito un cuento para los dos,

en etapas distintas, pero por siempre entrelazadas.

Son esas cosas que nunca se definirán con palabras.

Tu mirada que me ha dicho que siga…

Tu voz que me ha buscado en los rincones…

Tu risa que me ha hecho sentir la prisa de la vida.

He amado tu dolor y tu alegría.

Me he enojado contigo y he vuelto corriendo hacia

ti porque siempre has dicho las palabras exactas

en el momento apropiado.

Siempre has sabido como mirarme.

Mi corazón es el mismo que comenzó a palpitar

cuando te conoció.

Desde entonces no ha cambiado y su latir

se ha hecho más sonoro todavía.

¿Hasta cuándo mis sentimientos podrán hacerte

olvidar tu vacío de soledad?

He intentado imaginar lo fatal que sería leer

una carta sabiendo que es la última que me escribes.

No lo podría soportar, créeme.

Aun habiendo sacrificado mi destino por verte

tranquila, no sería feliz por haber perdido

lo que me perteneció y se fue por esos

estúpidos juegos del destino.

Sin ti lo que me queda por vivir,

solo es un tiempo para morir.

Eres la única razón por la que me quedo

aquí en la tierra.

Mientras respire, viviré escuchando tu voz

en mi memoria.

Sabré amarte en los recuerdos, pero jamás seré

un obstáculo para la solución de tus problemas.

Lo que no soportaría es un cada te quiero

que no te escuche decir.

A fin de cuentas… si no te tengo,

nunca perderé mi playa y es únicamente ahí

donde estaremos juntos para siempre.