Opinión

Mi mancondo.

María Sol Camacho B.

Desde Guimaraes-Portugal para La Nación de Guayaquil-Ecuador.

A lo largo de mi vida, he recibido comentarios como: -tienes mucho temple- eres práctica- por otra parte, voy recordando frases que me ayudan a simplificar alguna situación: no hay que cambiar lo seguro por lo incierto, taparse hasta donde cubra la sabana o hay que usar el sentido común. Todo esto, y mucho más, proviene de mi padre.

Lo que unos llamarían fortuna y otros bendición, una mezcla de ambos para mí, ha sido mi crianza bajo un fantástico hombre, sin poses, analítico por naturaleza, valiente, quien rara vez su memoria le traiciona, de principios innegociables, posee carácter fuerte y corazón gigante, tan titánico que volvió a convertirse en padre cuando tuve a mi hijo.

De la misma manera que corría a mi lado cuando me enseñó a montar en bicicleta, se mantuvo hombro a hombro conmigo en mis momentos difíciles, así como me explicó de manera tan sencilla los prefijos y sufijos anatómicos, me ha ayudado un sinnúmero de veces a pensar con claridad, me enseñó la pasión por el fútbol, aunque se horrorizaba cuando llegaba con las piernas ensangrentadas por jugarlo.

En varias ocasiones, me ha llamado “la rebelde sin causa” estoy segura de que debe observar su templanza y aires de sublevación reflejados en versión femenina, además de mencionar que tengo poca vergüenza (riéndose), ya que suelo bromear sobre mis malas decisiones o errores que fueron producto de mi juventud, no siempre me tomo la vida muy en serio.

Quisiera pedirle a ese muchacho de pueblo, que ha trabajado desde que era un niño, que se mire en el espejo y medite sobre lo lejos que ha llegado, lo que construyó a punta de esfuerzo y que es hora de que el capitán disfrute navegando del buen mar, el tiempo y la salud todavía lo favorecen.

Entre tanto que tengo que agradecerle está el de haberme formado con una vara alta, siempre supe que no me iba a conformar con menos de lo que tantos años pude presenciar en casa, la misma a la que afortunadamente puedo llamar hogar, donde siempre existió el amor, las risas y sobre todo la felicidad.

Cada uno de los consejos los he puesto en práctica, unos más tempranos que otros. Si me encuentro en alguna encrucijada, trato de escuchar su voz en mi cabeza. Hemos sido testigos de nuestras respectivas evoluciones, él se ha relajado más con los años y yo me he desacelerado. No nos hincamos sobre los desaciertos cometidos en el camino, nos enfocamos en lo aprendido.

Así fue como una niñita no visualizó a su papá como un príncipe (suele ser común) en mi caso, es un caballero con armadura resplandeciente, quien me enseñó a llevar la frente en alta y no dejarme abatir por las derrotas. Hay que poner el pecho para las balas. María Sol es otra de sus frases.

Para finalizar, Nacho Camacho es mi Macondo, más que un árbol de familia, es de donde vengo, del barro que estoy hecha, el lugar donde se desarrollaron todas las novelas de mi vida, nada me hace sentir más orgullosa que ser su hija.

A ti, Macondo, graba cada una de estas palabras en tu impecable memoria, te amo con todas las raíces del roble que llevamos en nuestro ser.