Opinión

México no se raja, su gobierno sí

Luis Carvajal Basto

@herejesyluis

El presidente Trump comenzó a “cumplir” a sus electores, pero Peña Nieto, primer damnificado y quien debió anticipar lo que venía, no parece a la altura de las nuevas circunstancias.

En el nuevo pulso entre proteccionismo y librecambio que define el escenario mundial, puesto al orden del día por el Brexit y el nuevo presidente de los Estados Unidos, una primera medida ha sido el decreto que reafirma la construcción del muro, cumpliendo una promesa de campaña. Del decreto al muro físico existen 1) 3.200 kilómetros de distancia; 2) el costo del muro, 25.000 millones de dólares, que podría ser ilegal según la legislación norteamericana;3) las circunstancias internacionales,  su evolución, y, 4) la manera como se desarrolle un escenario político que a nivel interno no es el mejor para un  presidente recién posesionado que  afronta una fuerte oposición.

Aunque el rifirrafe pareciera haberse aplazado  el pasado viernes, luego de una  conversación telefónica entre los dos presidentes, con la medida se protocoliza un nuevo contexto internacional en el que a Trump le acompaña, solamente, el  gobierno Británico  que afronta su propia encrucijada, pues la decisión de retirarse de la Unión Europea deberá ratificarse por el parlamento.

La manera en que evolucionará este asunto tiene pocos referentes. Para empezar, los  de la política y el comercio internacional están cambiando  rápidamente: China, quien lo creyera, es ahora  abanderada del libre cambio mientras la Unión Europea, complicada por el retiro del Reino Unido, pareciera encontrarse en un emparedado entre el autoritarismo de Putin y el proteccionismo desintegrador de Trump. Este pulso tendrá nuevas batallas electorales, este año, en  Francia, Alemania y Holanda que definirán mucho lo que venga.

Prestigiosas entidades como The Economist intentan dar luz entre tanta incertidumbre: en su Índice de  Democracia 2016 publicado la semana pasada, que cubre 167 países, se constata el retroceso, por primera vez, de  Estados Unidos  del grupo de países con “democracia plena” al de “democracias defectuosas”. Al señalar que  una revuelta mundial contra las élites, ante el estancamiento del  sistema político, está permitiendo el auge del populismo, resume que “Las viejas diferencias políticas izquierda-derecha no significan tanto hoy en día; las líneas de batalla son sobre temas como la globalización versus la soberanía nacional, el cosmopolitismo versus la identidad nacional y las fronteras abiertas frente a los controles de inmigración. Los populistas están ganando terreno  porque han estado hablando de estas cosas, mientras que las élites políticas tradicionales las han eludido”. Al reconocer la crisis global  de la política no se refiere, sin embargo, a la renovada disfunción entre Derechos Humanos Vs intereses de los Estados nacionales.

A nuestro modo de ver, el verdadero pulso se desarrolla entre una globalización sin suficiente desarrollo institucional y un formato de Estado Nación, incluyendo el régimen político, que no se logra acomodar a los acelerados cambios económicos, sociales y tecnológicos. Vivimos una época en que los hechos, como los de Trump o la respuesta de México, modelarán  el presente y el futuro. Desde ese punto de vista, y no solo desde la indignidad, el gobierno Mexicano se ha quedado corto; a la defensiva, sin darse cuenta que mucho de lo que pase dependerá, también, de sus acciones. Esta nueva “diplomacia” a lo Trump ira hasta donde las instituciones, la Ley y la oposición, en su propio país, y la comunidad internacional  lo permitan.

Sin necesidad de recurrir a una ruptura comercial, con graves consecuencias en ambos países, Peña Nieto pudo advertir  que el   arancel del 20% a las exportaciones mexicanas para costear el muro incrementaría de inmediato el costo de vida en Estados Unidos y sería pagado, finalmente, por los consumidores norteamericanos; un efecto similar al que tendría el proyectado traslado de  plantas de producción o la inflación global  que resultará de romper las actuales cadenas de producción y comercio internacional.

Pudo, el presidente de México, insinuar  los límites de su colaboración en la lucha anti drogas o en  el control de la inmigración, otra bandera del gobierno Trump. Peña Nieto, en estas primeras escaramuzas, deja la impresión de encontrarse esperando “a ver qué pasa”; al observar, como si nada, que las líneas de su país las dibuje un presidente  vecino que ya no es tan “amigo”.

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