Opinión

Méri­tos para ser fis­cal gene­ral.

Por Jorge G. Alvear Macías /Guayaquil

 

 

Quien aspira a diri­gir la Fis­ca­lía Gene­ral del Estado debe some­terse a rigu­roso escru­ti­nio. El cargo exige cono­ci­mien­tos, expe­rien­cia, inde­pen­den­cia y pro­bi­dad. Pero escru­tar no sig­ni­fica con­ver­tir una impug­na­ción en prueba de cul­pa­bi­li­dad ni atri­buir a alguien las res­pon­sa­bi­li­da­des de quie­nes fue­ron sus ami­gos. La Dra. Danie­lla Cama­cho enca­beza la fase de méri­tos del con­curso, con 48 pun­tos sobre 50. Acre­dita más de 30 años de ejer­ci­cio pro­fe­sio­nal y 25 de ser­vi­cio público. Fue fis­cal en dis­tin­tas áreas pena­les, jefa nacio­nal de Pro­tec­ción a Víc­ti­mas y Tes­ti­gos, con­jueza de lo Con­ten­cioso Admi­nis­tra­tivo y, desde 2018, jueza nacio­nal de la Sala Penal.

Conocí un hecho que revela el costo de la inde­pen­den­cia den­tro de una ins­ti­tu­ción jerar­qui­zada. Durante la ges­tión de Was­hing­ton Pesán­tez, la Dra. Cama­cho era fis­cal de Deli­tos con­tra la Vida en Quito. Su resis­ten­cia a acep­tar inter­fe­ren­cias pro­vocó su tras­lado desde Quito a Mejía y, des­pués, a Cayambe y Pedro Mon­cayo, can­to­nes de Pichin­cha.

Su tío me dijo que con aque­llos tras­la­dos bus­ca­ban for­zarla a renun­ciar; pos­te­rior­mente, la Dra. Cama­cho me lo con­firmó. Sin mudarse de Quito, debió reco­rrer hasta 150 kiló­me­tros dia­rios. No cedió. Tras la renun­cia de Pesán­tez, en julio de 2011, pudo regre­sar a Quito como fis­cal de Vio­len­cia Sexual e Intra­fa­mi­liar y luego fue nom­brada jefa nacio­nal de Pro­tec­ción a Víc­ti­mas y Tes­ti­gos.

En la Corte Nacio­nal inter­vino en cau­sas com­ple­jas: llamó a jui­cio a Rafael Correa en los casos Balda y Sobor­nos (antes Arroz Verde); formó parte del tri­bu­nal en Sinohy­dro; e inte­gró el tri­bu­nal en el caso Secom, que por mayo­ría declaró ino­cente a un exfun­cio­na­rio correísta. Ese con­traste impide redu­cir su tra­yec­to­ria a una eti­queta polí­tica.

Se cues­tiona su amis­tad con per­so­nas que luego fue­ron pro­ce­sa­das y con­de­na­das. El hecho merece trans­pa­ren­cia, pero no per­mite trans­fe­rirle res­pon­sa­bi­li­da­des aje­nas. Ante posi­bles con­flic­tos de inte­rés, se excusó de cono­cer esas cau­sas. Al apar­tarse pro­te­gió la impar­cia­li­dad y no evi­den­ció falta de pro­bi­dad: cum­plió la ley.

Las impug­na­cio­nes deben resol­verse con base en prue­bas. Quien objetó a Cama­cho y a otros tres aspi­ran­tes no com­pa­re­ció a sus­ten­tar su acu­sa­ción, por lo que el CPCCS la archivó. Ese desen­lace debi­litó la obje­ción por falta de sus­tento, no por la edad, el ofi­cio ni la apa­rien­cia del obje­tor.

En la tra­yec­to­ria de Cama­cho hay una seme­janza con la de Thelma Aldana, exfis­cal gene­ral de Gua­te­mala. Aldana comenzó como con­serje de un juz­gado de fami­lia; fue noti­fi­ca­dora, secre­ta­ria y magis­trada, pre­si­dió la Corte Suprema y llegó al Minis­te­rio Público. Desde allí, con apoyo de la Cicig, enca­bezó una memo­ra­ble lucha con­tra la corrup­ción y las redes cri­mi­na­les enquis­ta­das en el Estado. No afirmo que dos his­to­rias desa­rro­lla­das en cir­cuns­tan­cias dife­ren­tes sean idén­ti­cas. Des­taco algo más sen­ci­llo: quien ha reco­rrido las dis­tin­tas ins­tan­cias de la jus­ti­cia conoce sus for­ta­le­zas, debi­li­da­des y pre­sio­nes.

La expe­rien­cia no es un acci­dente. La Dra. Cama­cho la forjó a ambos lados del escri­to­rio, como fis­cal y jueza. Su tra­yec­to­ria per­mite reco­no­cer sus méri­tos y pro­bi­dad, y con­si­de­rar lo que apor­ta­ría a la Fis­ca­lía.