Opinión

¡Masa crítica!

Dr. Jorge Norero González/Guayaquil

 

Una de las principales fortalezas de toda sociedad del primer mundo, es la denominada masa crítica, que, traducida en palabras entendibles para todos, consiste en la capacidad de análisis crítico de todos y en especial de aquellas instituciones llamadas a dirigir y conducir el comportamiento social, económico y con mayor responsabilidad el político y el de seguridad.

El principal y más execrable crimen cometido por el Correísmo a nuestra fuerza pública, por ejemplo, fue intentar dividirlas, sembrar la lucha de clases, privilegios, romper la cadena de mando… como entre otros argumentos muchos intentan descifrar que sucedió con las gloriosas Fuerzas Armadas y la Policía Nacional.

En mi concepto el más grave daño causado a ellas, fue haberlas inducido a no pensar, razonar, perder toda capacidad de análisis crítico, dejar de estudiar escenarios, hacer prospectivas, dejar de imaginar, ser creativos, bajo el famoso cliché de obedientes y no deliberantes, dejar de ser garantes de los derechos, deberes, garantías y libertades… Es decir, tenían que convertirse en un colectivo de borregos bajo la consigna sí señor, no señor… pero al jefe Supremo civil, con el uniformado tiene la opción de cuestionar las órdenes porque la obediencia debida, viola el derecho a ser pensantes y críticos si aquello viola tus derechos de conciencia y de objeción, discriminación, tortura, etcétera.

Así dictadas las reglas, el oficial y las tropas fueron alienados a ser más ciudadanos civiles que militares, perdieron la capacidad de producir hipótesis, tesis, en las academias de guerra, en el instituto de Altos Estudios, y al ser borregos sin criterio, dejaron que ignorantes en materia de seguridad los guíen perversamente hacia otras actividades distintas a su naturaleza y esencia…

Por eso el auge en inseguridad, por una creciente declinación en la formación intelectual de sus propios deberes y valores del militar y de los policías. Es por lo tanto un imperativo categórico obligar a que estos ciudadanos confíen en sus verdaderos valores y recuperen sus principios, doctrina, dignidad, misión y prestigio.

Por eso estamos más perdidos que el hijo de Limbert, inmersos en una profunda oscuridad, los militares y policías fueron obligados a someterse e insisto a no pensar, porque aquello significa sedición, rebelión, traición, golpe de Estado, dictadura, violencia, insolencia…

No hermanos ecuatorianos, debemos devolverles a la Fuerza Pública la capacidad de pensar, debatir, razonar, cuestionar, con todas las garantías que tienen todos los ciudadanos, con mayor razón aquellos que son garantes y protectores de nuestras vidas y bienes…

En materia de seguridad nacional, sus decisiones deben ser de invalorable aprecio y apoyo a la decisión final que la debe tener el presidente de la República, de manera qué deberían producir de manera obligatoria cada tres meses por lo menos, apreciaciones estratégicas de la situación nacional, cursos de acción, evaluaciones, rendición de cuentas, es decir, la Fuerza Pública debe ser el verdadero Estado Mayor del Poder Político, para garantizar el mejor empleo de todos los recursos y bienes en materia de seguridad nacional: seguridad interna y defensa externa.

Espero abrir el debate con aquellos que, con objetividad, no los ciega la pasión ni mezquinos intereses.

 

Semper Fi.