Opinión

Más de lo mismo es lo mismo

Dr. Miguel Palacios Frugone

miki.palacios1@gmail.com

Los derechos humanos pertenecen a la sociedad civil.

Nadie puede reclamar un derecho para sí mismo, sin primero reclamar ese mismo derecho para los demás.
¿Los derechos son inherentes al ser humano?
¿Son adquiridos por el ser humano?
Son inherentes por que nacen con la persona.
Le son tan connaturales a su esencia como el respirar, vivir o morir.
Si fueran resultado de haber luchado por ellos, los animales o la tierra no tendrían derechos.
Los derechos humanos son la consecuencia intelectiva de individuos que mantienen un estado de conciencia superior, que los reconoce y legisla para defenderlos.
La conciencia es el acto del espíritu que antes de la acción nos dice lo que se debe hacer y después de hacerlo; juzga lo hecho.
Si como consecuencia no tiene consecuencia, debes repetir aquello que hayas hecho.
Los derechos del hombre siempre han estado presentes, pero se vuelven obligatorios cuando los reconocemos como sociedad.
Quienes los ignoran son ignorantes.
El ignorante ignora la verdad y también ignora que la ignora.
La mayor fortaleza del hombre es su ternura.
Todo es cuestión de valores intrínsecos y decisión.
Los valores intrínsecos son las virtudes con las que nacen algunos seres humanos.
La rectitud, transparencia y la capacidad de levantarse después de los golpes de la vida, son algunos ejemplos de ellos.
Son condiciones contradictoriamente invalorables, que le permiten al ser humano transitar por la vida haciendo las cosas adecuadamente.
Por el contrario, las acciones son ejecuciones que se ejecutan para dar sentido a la vida.
En definitiva, todas las acciones del ser humano están encaminadas a obtener el mayor placer o tener el menor dolor.
No es difícil hacer lo correcto.
Lo difícil es saber que es lo correcto.
Pero, cuando se sabe que es lo correcto, es imposible no hacer lo correcto.
Frente a los derechos que debe reclamar la sociedad, la libertad es su valor más preciado.
La libertad de un hombre es la suma de la libertad de todos los hombres.
El derecho de un hombre es la suma de los derechos de todos los hombres.
¿Qué es más importante?
¿El hombre debe subordinarse al estado?
¿El hombre debe estar por encima del estado?
La sociedad civil es la dueña del estado y nadie puede estar por encima de este derecho de posesión.
Por mi profesión rio cuando oigo que se habla ideológicamente de izquierda o derecha.
Se lo cacarea en una forma tan radical y simplista, como si al pensamiento se lo pudiera direccionar o diseccionar.
El ser humano del siglo XXI debe ser un librepensador.
Debe tener un pensamiento superior que se base en el bien común y la patria.
Debe tener principios ideológicos de transparencia y honestidad social.
En una sociedad politizada, a veces la verdad resulta ser una gran mentira sobre la que todos se ponen de acuerdo.
Imaginemos una habitación donde llega a vivir transitoriamente un inquilino.
De carácter prepotente y vanidoso, cree ser el único que sabe lo que se debe hacer en dicha vivienda.
El colérico inquilino lleva a doscientas ratas para que vivan con él.
Mientras está al frente del cuarto, engordará a las ratas y les permitirá que roben la mayor cantidad de queso posible.
Incluso impedirá que se acerquen los gatos, para que nadie las pueda controlar en su voracidad y así puedan convertirse en ratas engordadas gracias a la impunidad.
Después de varios años este inquilino se va.
Entonces aparece otro inquilino que dice ser diferente al anterior.
Incluso recalca que parte de la nueva forma de administrar el cuarto consistirá en votar a todas las ratas que había puesto el inquilino anterior.
Pasa el tiempo y de las doscientas ratas que había, vota a veinte y cinco.
Deja a ciento setenta y cinco y convive con ellas.
Al cabo de un año prende la luz de la habitación y descubre que hay trescientas ratas.
Ciento setenta y cinco que eran del otro y ahora le dicen que son de él y ciento veinte y cinco nuevas ratas que le dicen que son de él pero en realidad son del otro, más algunas nuevas que dicen ser nuevas y solo de él.
La realidad es que ahora hay más ratas y son las mismas ratas de siempre.
Las ratas nuevas se aparearon con las viejas y las viejas se adaptaron a convivir con el nuevo inquilino.
Para que todo siga igual, es preciso que algo cambie.
Es por eso que a veces las preguntas más importantes de la existencia son aquellas que decidimos no preguntar.
Cuando uno asume la responsabilidad de liderar un cambio, sus acciones deben ser radicales, contundentes y opuestas a lo que se pretende cambiar.
No se puede ser distinto con lo mismo.
Si quiénes gobernaban son los mismos que gobiernan ahora, los resultados serán iguales.
La sociedad civil es la que debe reclamar su derecho a un cambio radical.
No solo debe obligar un cambio de estilo, sino que debe exigir una transformación radical en las medidas que se tomen para gobernar.
Más de lo mismo es lo mismo si siempre son los mismos.

Las opiniones vertidas en el medio son de responsabilidad del autor.