Opinión

Más Finlandia en Ecuador.

María Sol Camacho B./ Guayaquil

solcamacho@uees.edu.ec

 

El muy conocido “Milagro Educativo Finlandés” fue un hito importantísimo que se dio en las décadas de 60 y 70, donde la educación es pública, gratuita y está compuesta por cuatro ejes: igualdad (todos los alumnos reciben la misma educación) profesorado (gran exigencia y minuciosa selección del docente) participación y servicios básicos (los alumnos tienen asegurado el transporte y el almuerzo).

Citando palabras de la ex ministra de Educación finlandesa, Tuula Haatainen explicó que “en las primeras etapas no segregamos a los alumnos con buenas notas de los que no se manejan demasiado bien en la escuela”. En el 2020 Finlandia destinó el 11.75% de su gasto público a la educación. Por si no fuera poco, lo que me resultó un poco inverosímil para ser sincera, es que solo han existido tres reformas académicas desde 1921.

No hay pruebas obligatorias, solo al final del último año (secundaria), no hay comparaciones entre estudiantes, no hay competencia entre las diversas regiones. Entonces el resultado educativo del niño finlandés es la misma calidad, sin importar si vive en una aldea rural o en la ciudad, se adaptan a las necesidades tecnológicas, implementando el fenómeno “Phenomenon learning”

Otro aspecto que llamó mucho mi atención fue los tres tipos de respuestas que tienen los estudiantes: lo conseguí, estoy pronto a conseguirlo, aún no lo consigo. Las frases limitantes como: no puedo, no entiendo, o la más cruel: soy mala/o en esta materia., simplemente no son parte de su vocabulario ni de su mente.

No me parece sensato establecer una comparación educativa entre Finlandia y Ecuador, porque no tendría por donde iniciar y podría escribir páginas enteras sin terminar; pero cabe recalcar que la parte educativa no solo les corresponde a las instituciones como tal, los hogares y el entorno juegan un papel fundamental en el desarrollo de los niños.

Así que invito a culminar los bloqueos involuntarios y/o tradicionales con los que se han desarrollado generaciones enteras, cambiemos el chip del “no puedo” al “ya lo conseguiré” con nosotros mismos, con el prójimo, pero sobre todo con los niños, no podemos cambiar el pasado, pero podemos brindarles a las siguientes generaciones un mejor futuro.