Opinión

MÁS DE LO MISMO

Por Econ. Marco Flores T.

marcoflores27@hotmail.com

La opción que en lo económico el Gobierno ha privilegiado desde su inicio -hace casi ya dos años- ha sido financiar el déficit fiscal, ignorando en los hechos que es necesario reducirlo y no simplemente financiarlo, reconstruyendo una sana estructura de gasto público y tamaño del Estado, produciendo mayores ingresos permanentes, aquellos que se logran no entregándose a la lotería de mejores precios en el petróleo exportable o de ingresos extinguibles porque son de vida corta, sino mediante la aplicación de políticas económicas que impulsen un crecimiento económico robusto y sostenido en un entorno de responsabilidad fiscal pero también de resultados efectivos.

Importantes indicadores pero sobre todo la realidad observable, muestran que la política económica vigente no resuelve los problemas y claramente ha venido retrasando el inicio de una solución permanente, difiriéndola todo lo que sea posible, presumiblemente para que otro Gobierno asuma la responsabilidad de hacerlo, bajo circunstancias que con seguridad estarían agravadas. En este sentido ha dejado prácticamente intocado el excesivo gasto público improductivo, especialmente el corriente, dentro del cual cobran especial trascendencia el servicio de una deuda pública elevada, creciente y costosa, el financiamiento de un Estado ineficiente y desproporcionado, y la falta del necesario y suficiente crecimiento económico, constituyendo en grado variable las tres principales y permanentes anclas que impiden alcanzar equilibrio y sostenibilidad en las finanzas públicas.

Las recientes medidas económicas que exceptuando el gas GLP, modifican los precios de venta del resto de combustibles no pasan de ser un nuevo parche sobre el enorme desfinanciamiento fiscal, además con magro impacto neto favorable en el Presupuesto General del Estado (PGE).

Un equivocado Ministro de Finanzas, alentado por terceros que no hacen parte directa del Gobierno, permanece concentrado en financiar el déficit fiscal con más deuda pública, con cortes dramáticos en la inversión del Gobierno a través del PGE que el año anterior representaron más del 50% con relación al precedente, pero que ya no encontrarán espacio para continuar produciéndose en el futuro, con las cuestionadas remisiones tributarias que no constituyen ingresos permanentes y con el traslado acumulado al presente de cuantiosas obligaciones que quedaron impagas el año pasado.

Un ministro que no puede o no le permiten comprender que la absoluta ausencia de políticas de reactivación económicas, impide iniciar un real proceso de sanación permanente de la economía, precisamente por lo cual, ni ha resuelto, ni resolverá nada de lo requerido, mientras se ocupa de “poner las cosas en contexto” y proclamar que la economía está tan bien dirigida que hasta el FMI podría resolver acompañarla con su ayuda, aunque no autoriza que esa misma institución, publique el informe correspondiente con los resultados de la evaluación económica realizada, justamente sobre la economía ecuatoriana y que se encuentra pendiente desde julio del año pasado.

Lo inobjetable y cierto es que se requiere un Estado prudente en su tamaño y en su gasto, pero paralelamente, comprendiendo que es crucial impulsar con fuerza la economía para producir más y mejor, para mejorar su productividad, dinamizar su crecimiento y crear empleo, introduciendo políticas que favorezcan el proceso y permitan mejorar su competitividad tributaria y productiva, para que Ecuador no continúe siendo un país extremadamente caro, para llegar a más mercados con fortalecidas exportaciones, para producir localmente y vender mundialmente, en suma, para con debida responsabilidad fiscal, promover crecimiento económico, empleo, seguridad y bienestar, nada de lo cual puede lograrse haciendo más de lo mismo.

 

 

 

Enero 8 de 2019