Ciencia

Más de 200.000 personas, ‘deseando’ enfermar para tratarse

Un arsenal terapéutico cada vez más ‘nutrido’ para curar la hepatitis.

MADRID. Gustavo (54 años, vive en Palma) y Sara (nombre ficticio) son dos caras de la misma moneda. Ambos tienen hepatitis C en fase inicial (entre F0 y F1). Sin embargo, así como él es consciente de que tiene que “empeorar para ser tratado con los fármacos nuevos”, ella ha tenido la suerte de acceder a ellos y ya celebra su curación. Se trata de una terapia revolucionaria (hay varias combinaciones) que logra una tasa de curación del 95%-98%, muy superior al porcentaje de éxito de los fármacos clásicos, que oscila entre el 57% y el 66% y conlleva efectos secundarios (por el interferón).

Actualmente, los nuevos medicamentos se están ofreciendo a las personas cuya enfermedad corresponde a los niveles más avanzados (F2, F3 y F4). El resto de afectados (F0 yF1) no se consideran “urgencia vital”, por lo que, de momento, deben esperar. Sin embargo, el Plan Estratégico para el Abordaje de la Hepatitis C, constituido en abril, contempla algunas excepciones. Tal y como resume Miguel Ángel Serra, jefe de Medicina Digestiva del Hospital Clínico de Valencia, “las mujeres que quieran procrear, enfermos que tengan alguna contraindicación expresa al tratamiento convencional, personas de alto riesgo de contagio como los sanitarios y los trasplantados”.

Sara, de 33 años, es enfermera en Almería. Le diagnosticaron hepatitis C hace nueve años a través de una analítica rutinaria. Primero recibió la terapia clásica. Sufrió los efectos secundarios típicos del interferón: “Síntomas gripales continuos, fiebre, cefaleas, pinchazos en las piernas, cambios de humor… El tratamiento es largo [en su caso duró 14 meses] y difícil de soportar”, y no siempre funciona. Como no tuvo éxito, a finales de abril de este año, su médico le propuso una de las nuevas combinaciones farmacológicas: Viekirax y Exviera. A los tres meses, los resultados fueron contundentes. “Milagroso y sin efectos adversos”, cuenta. “Mi mayor deseo es que el nuevo tratamiento llegue a todos, porque no es un lujo, es un derecho”.

En la misma línea se posicionan médicos y asociaciones, y así lo manifestaron durante el VII Congreso Nacional de Enfermos y Trasplantados Hepáticosque se desarrolló en Madrid a principios de noviembre. Ahora que “ya se está tratando a los pacientes que considerábamos imperativos (aunque en algunos sitios aún hay cola), lo razonable del Plan Nacional es que todos los afectados reciban las nuevas terapias”, afirma Javier Crespo, jefe de servicio de Aparato Digestivo del Hospital Universitario Marqués de Valdecilla de Santander y vicesecretario de la Asociación Española para el Estudio del Hígado (AEEH). ¿Por qué? En primer lugar, porque es la única manera de “eliminar esta infección en la salud pública”. No hay que olvidar que “las personas con infección leve son capaces de contagiar igual que las graves”. Uno de los ponentes en el congreso, Javier García-Samaniego, jefe de Hepatología del Hospital La Paz de Madrid, explicaba que “el virus de la hepatitis C es 10 veces más infectivo que el VIH […] Teniendo en cuenta que la hepatitis C es la única infección viral crónica susceptible de ser curada en el humano, está más que justificado su tratamiento en todos los afectados”.

Tratamiento rentable

De lo contrario, conforme pasa el tiempo, el hígado se va dañando (aparecen cicatrices -fibrosis-) y, finalmente, se produce cirrosis (el hígado está repleto de cicatrices que restringen el flujo de sangre e impiden el funcionamiento correcto). Entre el 10% y el 20% de los pacientes desarrollan esta enfermedad a los 20-30 años de la infección. “Los antivirales de acción directa eliminan la infección, pero desconocemos hasta qué punto el daño hepático es reversible y a partir de qué grado no hay retorno”. El hecho de poder curar esta enfermedad precozmente descarta esta incertidumbre, reduce el riesgo de cáncer de hígado (la hepatitis C es la causa de este tipo de tumor en el 25% de los casos) y otras afecciones asociadas como diabetes, vasculopatía, linfomas, vasculitis, afectación renal…

Aparte de los beneficios para el propio paciente, también repercute en el resto del sistema sanitario. Aproximadamente la mitad de los ingresos en las unidades de digestivo se producen por enfermedad del hígado y de éstos, alrededor del 40% están relacionados con el virus de hepatitis C. “Tratando a todos los afectados, se reduciría un 25% los ingresos”, apunta Crespo. Si hoy, “más o menos el 40% de los trasplantes corresponden al hígado y están relacionados con la hepatitis C, en unos tres años, con la curación masiva de los pacientes, este porcentaje se reducirá notablemente, lo que significa que aumentará la disponibilidad de órganos para otros pacientes”. Cabe señalar que “unas 8.000 personas al año mueren por enfermedad hepática mientras esperan un trasplante”.

Como argumenta el doctor Serra, “tratar a todas las personas con hepatitis C en fase 0 y 1 conlleva un gasto inicial muy importante”, y el tiempo del retorno de la inversión realizada aumentaría. Según este experto, y dados los resultados de uno de sus estudios, “el retorno de inversión de un F0 se produciría más allá de los 40 años, mientras que un F4 años cuatro años”. Sin embargo, agrega Serra, “si se tratan a todos los pacientes, el retorno se obtendría a los 11 años, aproximadamente. Si se trata sólo F2, F3 y F4, el dinero invertido se recuperaría a los siete años”. Lógicamente, “si los precios de los medicamentos se redujeran, el tiempo se acortaría”. Un estudio que acaba de publicar la revista JAMA Internal Medicine concluye que se ahorrarían 3.300 millones de dólares en gastos de atención médica de por vida si todos los pacientes de hepatitis C recibieran el tratamiento con los medicamentos punteros independientemente de su gravedad.

El pasado mes de febrero, el ministro de Sanidad, Alfonso Alonso, anunció que en los próximos tres años se gastarán unos 727 millones de euros en financiar esta innovadora y costosa medicación, para tratar a unos 52.000 pacientes. En lo que va de año, apunta José Luis Calleja, hepatólogo del Hospital Puerta de Hierro de Madrid, “ya se han tratado a alrededor de 34.000 enfermos”. En líneas generales, el “plan está funcionando”, aunque es cierto que sigue habiendo comunidades autónomas con más dificultades. Así lo señala Mario Cortés, fundador de la Plataforma de Afectados de la Hepatitis C, quien asegura que “en Euskadi, por ejemplo, aún hay pacientes en fase 4 sin la medicación” de última generación. Por el contrario, en autonomías como Madrid, Cantabria, Andalucía y Cataluña “se están poniendo pocas limitaciones y si el médico considera razonable tratar a un F0, se le trata”, argumenta Crespo.

Sin cifras oficiales

Otro de los objetivos del Plan Nacional de la Hepatitis C pone el acento en la necesidad de cuantificar la magnitud del problema y describir las características de los pacientes. “Se desconoce la prevalencia real de infectados en nuestro país [la mayoría por transfusiones de sangre recibidas antes de 1990]”, remarca Serra que, junto con Calleja y Crespo se están encargando de poner en marcha varios estudios epidemiológicos para averiguar este dato. Sólo hay estimaciones. “Creemos que hay unas 900.000 personas afectadas por hepatitis C y de éstas, en torno al 25%-30% correspondería a los grupos 0 y 1”, apunta Serra. No todos están sin tratar. Quizás “el 6% de las personas que reciben los antivirales de acción directa pertenece a este nivel”, puntualiza el hepatólogo del Hospital Puerta de Hierro, como es el caso de Sara. Por su parte, y a pesar de no haber aún cifras definitivas porque los estudios epidemiológicos continúan en marcha, el Ministerio de Sanidad insiste en los datos de las Comunidades Autónomas, que registran un total de 95.524 diagnosticados hasta el momento.

Otros, como Gustavo, aún están a la espera. “El diagnóstico te cambia la vida, te dispone de forma muy particular de cara al futuro”, apunta el afectado que vive en Palma. Tras 12 meses de tratamiento clásico con interferón, ribavirina y telaprevir (en 2012), no ha logrado curarse y, además, continúa arrastrando algunos síntomas derivados, como el cansancio y los cambios de humor. Con las nuevas terapias, “sé que las probabilidades de éxito son del 95%”. Sin embargo, “como estoy entre la fase 0 y 1, no entro en el protocolo. Voy a necesitar estar peor para acceder a los nuevos tratamientos. No es así como debería ser […] Es contradictorio. No quiero estar peor, pero estoy deseando estarlo para poder curarme”. Lo mismo le ocurre a Enrique (52 años, vive en Madrid), quien se enteró de su diagnóstico el pasado mes de septiembre. También tiene un grado de fibrosis 1. “Me siento como una bomba andante, puedo infectar. En mi casa, hasta el peine lo tengo apartado y en el trabajo voy siempre con guantes [es instalador de PVC, ]”. No obstante, a pesar del cuidado que Enrique tiene con su enfermedad, la hepatitis C no se transmite por estar en contacto con objetos personales del afectado, sino que el contagio es a través de la sangre. La mayoría de las infecciones producidas en España ocurrieron por haber recibido una transfusión con sangre de una persona infectada, cuando aún no existía el test que detectaba la presencia del virus en la sangre.

La mujer de Enrique no comprende “cómo es posible que existiendo un tratamiento no se lo ofrezcan a un enfermo”. En palabras de Enrique, “es una injusticia. Estás enfermo, pagas a la Seguridad Social, hay medicación que cura y, sin embargo, no te la dan”.

Tanto afectados como médicos apuestan por dar un paso más y ofrecer los antivirales de acción directa a todos los afectados. Esto “requeriría nueva inversión del plan nacional”, subraya Calleja. (El Mundo/La Naciòn)