Opinión

Más allá del acuerdo de paz

Felipe Janica

Diario El Espectador de Colombia

A propósito de las oportunidades que conlleva el posconflicto, son muchos los desafíos. Sin embargo, cuanto mejor preparación tengan los ciudadanos, mejores serán los resultados.

Más allá de las discusiones en torno de sí o del no, Colombia se está enfrentando a oportunidades inigualables en materia de reformas estructurales. En materia de competitividad, por ejemplo, Colombia tiene aspectos que son demasiado problemáticos y que aminoran la posibilidad de ser cada vez más competitivos. Según el índice global de competitividad provisto por Foro Económico Mundial (FEM o WEF, por sus siglas en inglés), los tres aspectos más problemáticos son: Tasa impositiva, corrupción e infraestructura.

Respecto del primer asunto, la reforma tributaria estructural lo que está buscando es cerrar la brecha en materia fiscal, esa que se ha exacerbado por la disminución de la renta petrolera. No obstante, la tributación que se nos viene encima va en contravía de la productividad del sector privado, pues en lugar de disminuir las tarifas fiscales estas irían en aumento. Ojalá que la reforma tributaria que se ha pensado, incluya asuntos como incentivos para los inversionistas en materia de innovación, emprendimiento y sostenibilidad (no sólo para los dueños, sino para la comunidad vinculada o “stakeholders”). Más allá de esto, los incentivos deberían analizarse a la luz del impacto social positivo que traigan consigo los proyectos de inversión de la empresa privada (local y extranjera).

Con respecto a la infraestructura, no sólo para las exportaciones sino para el mercado local, podemos observar con preocupación el rezago  en materia de infraestructura del país. Lejos estamos aún de tener una infraestructura de clase mundial; sin embargo, comienza a aparecer la luz al final del túnel con la construcción de las carreteras de cuarta generación (4G). No obstante, no bastará con la construcción de carreteras, sino de hacernos más competitivos con la construcción de un sistema de transporte interconectado por agua (fluvial y marítimo), tierra (carretero y férreo) y aéreo, siendo este último el menos competitivo por lo elevado de los costos.

Uno de los grandes desafíos que tiene Colombia en materia de reconciliación tiene que ver con la educación, pues con ello, se lograría atacar la causa raíz de la corrupción. Es que cuanto mejor educados estén los ciudadanos y los gobernantes, mejores sería sus resultados. De nada vale endurecer las penas de justicia en materia de corrupción, si éstas no se acompañan de reformas estructurales en materia de educación que tengan como pilar los valores fundamentales de un Estado. Si se brinda educación de calidad a los ciudadanos, mejores herramientas tendrán los ciudadanos al momento de elegir a sus gobernantes.

Es por esto que si se piensa en políticas de Estado y no de cuatrienios, se debería iniciar, cuanto antes, una reforma estructural de Estado en donde uno de sus pilares más importantes sea la educación. Con ello y teniendo claro que ésta sería una reforma de largo plazo, se podría cubrir la brecha en materia de desigualdad, pero sobre todo coadyuvaría a brindar oportunidades diferenciadas a los ciudadanos y por ende a la economía colombiana.

Así pues, cuanto más invirtamos tiempo en el sí o el no, más energía se pierde en asuntos que a mi gusto son más importantes y que sí atacan las causas raíces de las barreras del desarrollo del Estado y por su puesto de los ciudadanos. La tarea entonces es para los estadistas y no para el gobierno. Por supuesto, si el Gobierno realmente quiere dejar el camino marcado hacia el desarrollo, el camino debe ser una reforma estructural en educación en el que por supuesto se debería incluir el numeral 1.3.2.2 del acuerdo
de paz.

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