Opinión

Más allá de los errores humanos somos perfectos

Por: Lucy Angélica García/ Portoviejo.

 

Quisiera tener el arte de volar sobre todas las latitudes de la tierra, habitar en sus ciudades y aprender de sus rituales, pernoctar en sus bosques y montañas para entender cómo es la esencia circundante de sus almas, yo quisiera entender todas esas cosas que en mi universo no entendí, he vivido conforme a lo que mi cultura hizo de mí, adhiriendo a mi mente las creencias heredadas de mis ancestros. Sé que la mente es ilimitada, tanto como el mismo Dios que pone en ella los conceptos y preceptos afines a nuestro ser interno y su esencial que nos conforma, que guía nuestro quehacer cotidiano tallado quizá equívocamente limitando nuestra visión de vida y todo cuánto ella implica.

No puedo deshacer de mi mente lo aprendido, esos valores esenciales imposibles de erradicar, porque han sido mi fuerza para levantar las anclas, lo que llena mi espíritu, lo que me da la fuerza para actuar sin revolucionar lo establecido, porque ha sido bueno, porque pese a todo ha sido bello.

Ser conscientes de ciertas realidades asusta, como asusta la avaricia desmedida, o la lujuria sin control, sin embargo, es necesario ser conscientes de la realidad y desde nuestro ser más profundo entender la naturaleza humana, la entrega de dos seres habitándose en cuerpo y alma siendo uno, formando el ejad con el creador de todo lo existente.

Pertenezco a esa tribu que aún conserva la timidez primigenia en este tiempo evolucionada tergiversando la libertad que la hace ángel custodio de su lugar en este mundo, y no me cierro a entender al ser humano en todo su universo, y con toda la naturalidad posible darle un matiz más profundo, más elevado, más auténtico.

Los seres humanos somos una caja de pandora con sorpresas infinitas, más que duales, somos seres tridimensionales en toda su complejidad. Pero somos bellos, cuando recordamos que somos hechos a imagen y semejanza de un Dios perfecto.