Opinión

Martha Eloísa, emprendedora

En una casa de madera rodeada de flores y plantas de café nos espera Martha Eloísa, una chavala que en junio, cumplió los 15 años.  “Del negocio con cerdos, la posta y los chicharrones es lo que mejor se vende” confiesa mientras nos cuenta que gracias a la iniciativa de negocio que promueve junto a su primo Yerling, y también socio que apenas ha cumplido los 17 años, aprendió a preparar y freír chicharrones. Ambos han sacado adelante un negocio de destace de cerdos en la comunidad de San Francisco de Peñas Blancas, en el municipio de El Tuma La Dalia, a unos 200 kilómetros de Managua.

Martha forma parte de las 535 adolescentes y jóvenes mujeres y hombres de los departamentos de Jinotega y Matagalpa, que participan en el proyecto “Taza de la Excelencia con Jóvenes Emprendedores”, promovido por Save the Children con el financiamiento de Keurig Green Mountain-Judith Haskell Brewer Fund y la Fundación Bezos. Martha, que es una de las participantes más jóvenes, se unió al proyecto a su inicio, en septiembre de 2016 con 14 años de edad. En su comunidad, la organización de los grupos de adolescentes y jóvenes  y los procesos de aprendizaje, son facilitados por ODESAR (Organización para el desarrollo económico y social para el área urbana y rural).

«Nos va bien, vendemos todo, les damos fiado solamente a los conocidos y nos pagan cuando llega el salario de la quincena” afirma y reflexiona que aunque en la comunidad hay más personas que destazan cerdo, han podido vender hasta ahora 15 chanchos: los dos primeros comprados con el financiamiento del proyecto, y los demás con las ganancias que la venta les ha ido dando. Los últimos destaces fueron de un cerdo de 2,000 CS$ y otro de 4,000 CS$, de los que sacaron 310 y 600 CS$ de ganancia respectivamente. Martha nos enseña las cuentas que hace sobre lo que invierten, los costos indirectos y la ganancia final que les queda. Afirma orgullosa afirmando que es necesario tenerlo todo bien apuntado.

Apenas han tenido dificultades con el negocio del destace. “Una vez nos sobraron unas libritas de carne en la casa, y tuvimos que ir a venderlas a la Hacienda San Francisco, la compraron rápido no nos costó nada”. Hablando un poco más, nos explica que encontrar cerdos para destazar es algo complicado porque en la comunidad no hay muchos. “Mi papá nos ayuda en la búsqueda”. Don Bernardino Martínez, su papá, les apoya en esta tarea y con las cuentas de las ventas. “Yo voy a Waslala a por los cerdos, apoyo a Martha y a Yerling en eso porque puede ser peligroso que ellos vayan solos por llevar la plata para la compra y porque les ven jóvenes” comenta don Bernardino. Además, él mismo, que contaba ya con experiencia en el destace les ha enseñado cómo deben hacerlo y qué cosas tener en cuenta a la hora de negociar por los animales.

“El acompañamiento de la madre y del padre es importante en el proceso de empoderamiento de las y los jóvenes, siempre se necesita esa guía” comenta Fredy Alvarenga, Técnico del programa de Lucha contra  la Pobreza en Save the Children que da seguimiento al proyecto de “Taza de la Excelencia con Jóvenes Emprendedores”, “el que la familia se involucre es una de las cosas que estamos promoviendo, y con don Bernardino es evidente”.

Su socio y ella tienen más de C$14,000.00 de los que han reinvertido todo para continuar comprando cerdos dos al menos para cada destace, han comprado una mesa para poner la carne y tienen intención de mejorar las condiciones del lugar en el que destazan. Están pensando además en los posibles derivados. “Ya con la mamá, Martha está pensando en hacer nacatamales, aprovechando que tenemos la carne. Este sábado vamos a destazar y van a preparar 100 nacatamales” explica don Bernardino aclarando que están pensando en cómo generar más ganancias y que ya los tienen “prevendidos”. En otra ocasión Martha nos comentaba que pueden también poner venta de cuajada, para cuando no encuentran cerdos, e incluso una pulpería en la casa aprovechando que está junto a la calle, “la podemos llevar una semana yo y otra mi socio. Yo he pensado que una pulpería puede funcionar, porque me mantengo en la casa”.

Martha está alegre contando los avances del negocio, apenas llevan 7 meses y se nota la capacitación y su empoderamiento, habla sin pena de cómo se siente y de sus aprendizajes. “Me encanta hacer esto, somos sobresalientes en la comunidad, la gente nos conoce y nos pregunta sobre el negocio, están pendientes del día que vamos a destazar”. Aunque ahora es la temporada de silencio, el momento en que no hay trabajo en las fincas de café, han tenido buenas ventas. “Hemos estado destazando cada 8 días, yo le he enseñado a Yerling cómo hacerlo, cuando al principio pensaban hacer sólo cada 15” comenta don Bernardino. Martha nos explica que las ganancias del destace las van a seguir reinvirtiendo, mientras que  nos explica que el adolescente va a ocupar sus ganancias en apoyar a su mamá para el alimento de la casa, mientras que Martha habla de que va a utilizarlas para sus estudios.

Vida tranquila entre estudiar y apoyar a su familia

“Para mí lo más importante es mi familia, estudiar y salir adelante” comenta Martha. Esta chavala vive con su papá, su mamá, dos hermanas pequeñas y un hermano pequeño. En la casa apoya con la limpieza, y cuando su papá y su mamá no están, ella cocina y cuida de sus hermanas y hermano. “Durante la temporada de corte de café, voy con mi papá, y es mi mamá quien se queda en la casa” comenta.

Martha estudia 3er año de secundaria en la Escuela de La Mora, en sabatino porque “diario sale más caro, por el pasaje” explica. “Siempre me gustó estudiar y siempre he querido seguir estudiando, cuando estaba en primaria quería hacer secundaria y ahora quiero ir a la universidad”. Esta adolescente nos cuenta que va bien en clase, con buena conducta y cumpliendo con las tareas. “Acabé el curso pasado en excelencia. Este año todavía no sé porque todavía no ha terminado el primer corte evaluativo”.

A Martha le encanta estudiar lengua y literatura, ciencias naturales, historia, ciencias sociales y también matemáticas, “aunque es difícil, si se le pone mente, se puede aprender”. Inglés es la asignatura que más se le complica”, afirma. “Cuando salga de 5° año quiero estudiar agronomía. Pensé también en hacer magisterio, pero la agronomía me gusta más porque en la casa tenemos café. Siempre trabajé con mi papá, crecí con ello”.

Está pensando estudiar en la Universidad Nacional Agraria (UNA) y deberá moverse a Matagalpa. Aunque le quedan un par de años para que esto suceda, ya lo tiene todo muy claro. Martha espera no repetir ningún año y poder ahorrar todo lo que pueda para hacer frente a los gastos de la universidad. “Si no consiguiera pasar el examen de admisión en la UNA, que es gratuita, tal vez todo se me complica. Tendré que buscar un trabajo para pagar la mensualidad de una universidad privada, o bien si el negocio va bien, ocupar las ganancias para mi formación”.

Promotora de un grupo de 10 chavalas y chavalos

Esta adolescente no sólo maneja su negocio de destace de cerdo, sino que también es promotora junto con otra chavala. Ambas coordinan un grupo de 10 adolescentes y jóvenes en San Francisco de Peñas Blancas. “Me seleccionaron porque soy responsable y no fallo a las reuniones. Aunque hay otras personas más hablantinas, yo participo también”.

Martha coordina las reuniones para revisar las iniciativas económicas que están llevando adelante los jóvenes que conforman el grupo de San Francisco de Peñas Blancas. En el grupo, además del destace de cerdo que llevan ella y su socio, hay una iniciativa de pollos de engorde y otro grupo está viendo poner un horno de pan para el que también han recibido un taller con un panadero de Matagalpa, “así que la formación ya la tienen” asevera.

En este espacio, replica formaciones que recibe desde su papel como promotora, sobre diferentes temas, cuando sus compañeras y compañeros le hacen preguntas, ella resuelve sus dudas. En la réplica de estos talleres dice que las chavalas y chavalos del grupo la escuchan con atención. “Me siento tranquila. Ser promotora me ha ayudado a perder la vergüenza de hablar en público, he mejorado mucho. Ahora también en clase soy más participativa. El proyecto me ha ayudado a eso”. Martha comenta que cuando en clase deben hacer trabajos, ella aprovecha los materiales y conocimientos adquiridos en las capacitaciones “así hice con el folleto del manejo del café que me dieron en una gira que hicimos con el proyecto. Lo usé junto a mis compañeras de clase y lo expusimos en grupo”.

Formación continua

En las formaciones que recibe como promotora ha aprendido sobre derechos humanos de la niñez, equidad de género, origen e historia del café, además de técnicas para mejorar la calidad del cultivo. “Aprendí sobre algunos derechos que yo antes no sabía, me sorprendió hablar de masculinidad, de cómo se debe respetar a todas las personas por igual, también a las mujeres. También he aprendido a manejar grupos” afirma Martha y nos explica que utiliza las dinámicas y juegos que va a prendiendo para trabajar con el grupo. “Les gusta, se divierten”.

Hace unas semanas recibieron unas charlas sobre ahorro y crédito con la financiera FDL y con Bancentro. Desde ese momento junto a su socio están pensando cómo abrir una cuenta de ahorro en el banco “Yo, por mi edad, no tengo cédula todavía por lo que no puedo tener una cuenta, así que estamos pensando en poner a mi papá hasta que cumpla 16 años”.

Martha participó en la visita a la Finca Escuela del Café El Recreo, en la carretera entre Jinotega y El Cuá, donde le hablaron sobre el manejo del café, cómo clasificar el grano, los tipos de plantas y sus diferencias. “Cuando regresé compartí con mi papá sobre las variedades de café y cómo el abono orgánico nos puede beneficiar, porque aquí de eso vivimos, del cultivo de café”. Don Bernardino confirma con una sonrisa mientras Martha nos explica que también deben regular la sombra para asegurar una buena producción de café.

Definitivamente hay un antes y un después en la vida de Martha. Recordemos que la finalidad del proyecto “Taza de la Excelencia con Jóvenes Emprendedores” es precisamente que adolescentes y jóvenes pudieran generar sus propios negocios y desarrollar sus habilidades para hacer funcionar con eficacia sus emprendimientos. Martha lo está consiguiendo y apenas tiene 15 años.