Opinión

Mariúpol, ¿ganará la paz en Ucrania?

Nota del editor: Jorge Dávila Miguel es licenciado en Periodismo desde 1973 y ha mantenido una carrera continua en su profesión hasta la fecha. Tiene posgrados en Ciencias de la Información Social y Medios de Comunicación Social, así como estudios posuniversitarios en Relaciones Internacionales, Economía Política e Historia Latinoamericana. Dávila Miguel es columnista de El Nuevo Herald en la cadena McClatchy, y analista político y columnista en CNN en Español. Los comentarios expresados en esta columna pertenecen exclusivamente al autor. Mira más en cnne.com/opinion

(CNN Español) — El progreso a sangre y fuego de la ofensiva rusa en la ciudad ucraniana de Mariúpol ha dejado como único reducto de resistencia la siderúrgica Azovstal, ahora rodeada por el ejército invasor. El mando militar ruso ha ofrecido dos veces, el 17 y el 19 de abril, la oportunidad de evacuar a los cerca de 1.000 civiles concentrados allí y perdonarles la vida a los miles de soldados heridos y sitiados en el lugar, con la obvia condición de que depongan las armas. Sin embargo, Kyiv se opuso a la rendición. Gesto arrojado y heroico, pero que prolongaría los bombardeos y los combates en la enorme acería, con 10 kilómetros cuadrados de superficie y kilómetros de pasajes subterráneos diseñados para aguantar una explosión nuclear.

Sin embargo, Putin dijo que decidió no asaltar a los ucranianos en Azovstal, sino mantenerlos sitiados hasta que «de nuevo pueda ofrecérseles la oportunidad de que se rindan a cambio de sus vidas y de un “tratamiento digno”. (Poco antes de publicar esta nota las autoridades ucranianas dijeron que el hospital dentro de la planta habría sido atacado. CNN no ha confirmado de forma independiente el ataque).

La toma de Mariúpol, importante objetivo desde el inicio de la invasión, constituiría una victoria militar y política para Putin, ya que abriría un corredor terrestre entre Rusia y la península de Crimea a la vez que privaría a Ucrania de un importante puerto y de preciosos recursos industriales. Además, Azovstal, es defendida por el Regimiento Azov, calificado por Rusia de neonazi y principal argumento –pretexto de Moscú– para justificar su invasión de un país soberano.

Pero el sitio de Azovstal, puede definir el curso de la guerra en Ucrania.

Recep Tayyip Erdoğan, presidente de Turquía, miembro de la OTAN, pero que no se sumó a las sanciones de Occidente a la Federación Rusa, se encuentra en una ardua labor diplomática entre el presidente de Ucrania, Volodymyr Zelensky, y Vladimir Putin, para llegar a una evacuación pacífica de los civiles cercados en las profundidades de Azovstal. ¿Quién se podría oponer a eso?

Recordemos que, el 29 de marzo, las delegaciones ucranianas y rusas dialogaron en Estambul, y al salir informaron de los puntos claves discutidos allí: la neutralidad de Ucrania y 15 años para dirimir la situación de Crimea. Ya se vislumbraba una reunión entre Zelensky y Putin, y el final de la guerra.

Lo que sucedió un mes antes de esa fecha, fue relevante: Zelensky les preguntó, uno por uno, a 27 líderes europeos si Ucrania alguna vez pertenecería a la Alianza… pero no obtuvo respuesta, lo que llevó al presidente en combate a declarar públicamente: “Ninguno (de los presidentes) me respondió, todos tienen miedo… pero nosotros no tenemos miedo, ni de combatir a Rusia, ni tampoco de dialogar con Rusia”.  Y eso, fue lo que el presidente ucraniano hizo, dialogar a través de sus representantes, con los representantes de Rusia, aquel 29 de marzo.

Pero sucedió que el 1 de abril, apenas tres días después del encuentro en Estambul, se descubre la masacre de Bucha y las conversaciones entre Kyiv y Moscú sufren un súbito resfrío, perjudicando la que podría haber sido una solución pacífica del conflicto.

Ahora, el caso de los civiles amenazados en Azovstal podría traer una nueva oportunidad para la paz. Y eso Erdogan lo sabe. Ha actuado como intermediario, este pasado fin de semana, entre Putin y Zelensky. El lunes, se entrevistó en Ankara con António Guterres, secretario general de las Naciones Unidas, quien viajó el lunes a Moscú a entrevistarse con Putin. Recibió la conformidad de Putin para que la Cruz Roja y personal de la ONU participen en las evacuaciones. Guterres viajó a Kyiv para sostener conversaciones con Zelensky. Es obvio que estamos ante un serio intento de reanudar el diálogo de paz. Erdogan ya propuso, públicamente, una cumbre entre Putin y Zelensky en Turquía.

Hay, sin embargo, intereses contrarios a que se reviva esa posibilidad. Algunos prefieren contar con la beneficiosa lucha simbólica de David contra Goliat. Aunque no todos los países de Europa están de acuerdo con las consecuencias de mantener el conflicto vivo, y prefieren una solución negociada. El presidente de Francia, Emanuel Macron, expresó que no podía suscribir la acusación de genocidio de Joe Biden contra Putin. Macron subrayó que aumentar la intensidad de las palabras no traerá la paz.

Hay conductas variadas en la OTAN respecto a la guerra de Ucrania y la posición de liderazgo de EE.UU. “Los aliados más agresivos, como Polonia, Gran Bretaña y, a veces, Estados Unidos, elevan constantemente la apuesta moral para tratar de avergonzar a países como Alemania, Italia y Turquía, que adoptan un enfoque un poco más moderado”, dijo al diario The Washington Post Jeremy Shapiro, director de Investigaciones del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores. Recordemos que el recién elegido por cuarta vez Victor Orban, presidente de Hungría, se entrevistó personalmente con Putin al inicio del conflicto, y ni siquiera permite que las armas para Ucrania pasen por su territorio.

No todos los acuerdos son felices a la hora de confrontar la realidad de una guerra. Moscú alertó el lunes a Washington de que no enviara más armas a Ucrania porque es echar gasolina al fuego. Las sanciones perjudican a todos los países europeos y el conflicto puede escalar. Veremos si aparece otra Bucha en el camino de paz de Erdogan. O si el camino se nos complica al final a todos con una “suculenta” guerra nuclear.