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Marina Silva de empleada doméstica a candidata presidencial

Marina Silva quiso ser monja, fue militante del Partido Revolucionario Comunista y empleada doméstica en el estado de Acre.

RIO BRANCO. Hace 40 años, la abanderada del Partido Socialista Brasileño (PSB) decidió dejar la amazónica localidad de Breu Velho, dedicada al cultivo de caucho, y dirigirse a la capital acreana, Río Branco, en busca de mejores oportunidades. Fue en esa ciudad de clima húmedo donde conoció a Teresinha da Rocha Lopes,su expatrona que hoy tiene 82 años.

“Marina estaba buscando trabajo y un lugar para vivir. Aquí somos pobres, le dije, pero si te sirve una esquinita, te quedas”, contó doña Teresinha en la sala de su casa, donde la ambientalista, que por aquel entonces contaba con 16 años, trabajó y se hospedó cerca de un año y medio.

Durante ese periodo, Silva aprendió a escribir y cocinar y reforzó su compromiso con la religión católica, motivo por el que decidió abandonar el hogar de los Rocha e ingresar en el convento de las Siervas de María.

Tras dejar de lado su vocación de monja, la exsenadora comenzó a cursar Historia en la Universidad Federal de Acre, un escenario en el que la ecologista participó en un grupo de teatro que reunía estudiantes trotskistas y lideró el sindicato Central Única de los Trabajadores (CUT).

Allí se afilió también al clandestino Partido Revolucionario Comunista en los últimos años de la dictadura militar (1964-1985).

“Es cierto que Marina Silva no tiene la visión revolucionaria que tenía a los ‘veintitantos’, la de una corriente trotskista en plena dictadura militar. Estamos hablando de otro momento, ha habido un reciclaje, pero no creo que tenga una visión conservadora”, afirmó  Silvio Margarido, excompañero del grupo de teatro Semente.

En 1988 Silva, quien pasó a profesar la religión evangélica, se afilió al Partido de los Trabajadores (PT) del expresidente Luiz Inácio Lula da Silva e inició una lucha política junto al asesinado líder ecologista Francisco “Chico” Mendes, a quien ayudó a defender la Amazonía.

Amiga y compañera en los años de universidad, la funcionaria Marisa Fontana recordó que tras la muerte de Mendes la activista asumió su legado y se comprometió a defender su causa, basada en defensa de los “seringueiros” (recolector de caucho) y los pueblos indígenas.

“Tenían una relación muy próxima. Marina, tal vez por el hecho de ser recolectora de caucho, se identificaba con la lucha de Mendes. Ser ‘seringueiro’ tenía un sentido peyorativo. Era sinónimo de atraso y Marina participó en el proceso de recuperación de la imagen del ‘seringueiro’, como alguien que merece ser respetado”, comentó.

Durante los años en los que fueron compañeras de lucha, Fontana recuerda a Marina como una mujer “de espiritualidad muy fuerte”, “con gran capacidad de superación” y de “humanidad extraordinaria “, unos atributos con los que también coincide doña Teresinha a la hora de describir a su exempleda doméstica.

La expatrona de Marina Silva, quien pide el voto para la exministra con un cartel situado en la pared delantera de su casa, confiesa que nunca pensó que la joven de apariencia frágil que un día acogió “pudiera subir tan alto”, pero “tuvo la gracia y permisividad” de Dios, “que escuchó sus oraciones”.

“Da para ver que para ser alguien en la vida no necesitas una cuna de oro, es luchando como se vencen las etapas de la vida. Pasando hambre, cayendo aquí y allí”, afirma Teresinha. (Efe/La Nación)