Opinión

MARÍA ISABEL, EL MEJOR REGALO DE MI VIDA

Dr Jorge Alberto Norero Gonzaléz/Guayaquil.

 

 

Hoy cumples cincuenta y siete,
y mientras miro hacia atrás,
me pregunto cómo la vida
pudo regalarme tanto
en una sola mujer.

Llegaste a mi vida
y encontraste a un hombre difícil:
vanidoso, caprichoso,
flemático algunas veces,
convencido quizá de tener siempre la razón.

Y tú, con esa inteligencia serena,
con tu paciencia infinita,
con valentía y amor,
sin grandes discursos,
sin reclamar victorias,
fuiste haciendo lo imposible:

me fuiste cambiando.

Me domaste —lo reconozco—,
pero no con fuerza,
sino con ternura.
No con imposiciones,
sino con esa sabiduría
que solamente poseen
las mujeres que saben amar.

Y quizás muchas veces
tuviste que comprenderme
cuando ni yo mismo me comprendía;
tolerarme cuando era difícil hacerlo,
y hasta sufrir en silencio
cosas que nunca debieron dolerte.

Por eso hoy quiero decirte
algo que quizá no te he dicho suficientemente:

gracias.

Gracias por tu paciencia,
por tu fortaleza,
por tu manera de estar,
por tu forma de querer
sin hacer ruido.

Eres hermosa por fuera,
pero lo verdaderamente extraordinario
es la belleza que llevas dentro.

Eres mujer trabajadora,
madre ejemplar,
esposa incomparable
y una chef inigualable,
capaz de convertir
una comida cualquiera
en un recuerdo de familia.

Y tienes algo todavía más grande:
humildad.

Esa virtud silenciosa
que no necesita proclamarse,
porque pertenece a quienes son grandes de verdad.

Hoy, en tu cumpleaños,
no quiero regalarte flores
que mañana se marchiten,
ni palabras bonitas
que el viento se lleve.

Quiero regalarte mi verdad:

fuiste, eres
y seguirás siendo
el mejor regalo que me dio la vida.

Si alguna vez fui mejor hombre,
fue porque tú caminaste a mi lado.

Si alguna vez aprendí a ser menos difícil,
fue porque tú supiste enseñarme
sin hacerme sentir derrotado.

Y si hoy puedo mirar nuestra historia
con gratitud y orgullo,
es porque en cada página
estás tú.

María Isabel,
hoy cumples cincuenta y siete años,
pero para mí no envejece el amor:
se hace más profundo,
más sereno,
más verdadero.

Que Dios te conceda muchos años,
salud, alegría y paz,
y me permita seguir caminando contigo,
aprendiendo de ti
y queriéndote cada día un poco más.

Feliz cumpleaños, María Isabel.

Mi compañera.
Mi familia.
Mi refugio.
Mi mejor decisión.
El mejor regalo de mi vida.

Te amo.

Semper Fi