Opinión

Marchas

Por: Ángel H. Romero Díaz /Perù 

Los tiempos están cambiando para bien. Esta nueva generación está experimentando los cambios, sobre todo culturales, de la sociedad. Y lo está haciendo casi de la mano con lo que viene ocurriendo en los países más desarrollados. Ello explica que hablar de sexo y sexualidad entre jóvenes ya no representa mayor problema, como lo era en mi época, debido a que los tabús y estigmas que existían alrededor de ellos están desapareciendo.

Hace exactamente una semana se llevó a cabo la 18° Marcha de Orgullo LGBTI, siglas que agrupan a quienes se han proclamado lesbianas, gays, bisexuales, trans e intersex, enfrentando a todo tipo de violencia, desde las más sutiles, hasta las abiertamente homofóbicas en nuestro medio. Según han señalado sus voceros, ellos están luchando por ser considerados personas de opción diferente, lo cual implica que no deban ser vejados, humillados, excluidos y maltratados en la sociedad.

Este reconocimiento, en la lucha por la igualdad entre hombres, mujeres y miembros de los colectivos LGBTI se expresó simbólicamente con la presencia, en dicha marcha, del presidente del Consejo de Ministros Salvador del Solar, y algunos congresistas de distintas bancadas en el Parlamento.

Del Solar resaltó la necesidad de “pelear por la libertad de todos y todas las peruanas”, según dio cuenta la prensa nacional. “Somos un país que está a punto de cumplir 200 años. Nuestro himno nacional dice: ‘somos libres, seámoslo siempre. Esta es una marcha que pelea por la libertad de todos”, dijo el funcionario a la televisión, mientras acompañaba la marcha portando un cartel alusivo a la defensa del enfoque de género.

Este apoyo que reciben los colectivos LGBTI de parte de altas autoridades del gobierno y del Congreso de la República dice mucho en el avance que van logrando, desde la vez que iniciaron sus jornadas de lucha, algunas décadas atrás. En lo que fue, al principio, movimientos casi aislados, temerosos y bastante débiles, se fueron convirtiendo, al paso del tiempo, en colectivos más organizados, numerosos, decididos y convencidos de sus diversas opciones sexuales. Ello quiere decir, que la sociedad viene cambiando aceleradamente de manera positiva.

Claro que el trabajo emprendido por estas personas no es nada fácil. Tienen que lidiar no sólo contra la indiferencia de hombres y mujeres que no terminan aún de comprenderlos en su esencia, sino contra los reproches violentos y agresivos de quienes los rechazan y les agreden abiertamente, no sólo físicamente en las calles, sino en los medios de comunicación y en las redes sociales que es donde se manifiesta con más virulencia la homofobia de las personas.

La marcha que comentamos partió del Campo de Marte y recorrió muchas cuadras del centro de Lima, hasta llegar a la plaza San Martín, donde concluyó con un bullicioso y colorido encuentro musical. Sus promotores se cuidaron en destacar que, esta vez, la jornada tuvo el propósito de reforzar y defender el enfoque de género.

Este colectivo Marcha del Orgullo exige al Estado “garantizar la aplicación del enfoque de género en las políticas educativas, con el fin de tener espacios más seguros para las y los jóvenes LGBTI”. Asistimos a una lucha abierta y desigual por los derechos de estas minorías a sentirse reconocidos y legitimados, estoy seguro que mas temprano que tarde lograran su cometido. Tienen derecho a no ser discriminados, y sobre todo a ser felices.