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Marchas contra las medidas del Gobierno, sin el mismo apoyo que en años anteriores

Las marchas de 2024 son menos intensas que las de 2019 y 2022, destacando una menor cohesión entre los movimientos sociales.

El 4 de julio de 2024, Quito se convirtió en el epicentro de marchas en rechazo a las medidas económicas implementadas por el presidente Daniel Noboa.

Cerca de 500 personas estuvieron las calles para expresar su descontento con la eliminación de los subsidios a la gasolina y el incremento del Impuesto al Valor Agregado (IVA). Estas medidas forman parte de un programa de ajuste estructural impulsado por el Gobierno.

Sin embargo, estas marchas o paro contra Daniel Noboa no tuvieron un impacto significativo como en años anteriores, donde también se tocó el tema de los subsidios a la gasolina. El panorama en 2019 y 2022 fueron distintos a lo vivido el día 4 de julio de 2024.

Según varios dirigentes de organizaciones sociales, el jueves fue el inicio de varias movilizaciones que se pueden realizar a escala nacional. Sobre la importancia de si hay o no gente, los representantes dijeron que esto iría creciendo. Asimismo, dijeron que posteriormente será importante la suma de organizaciones como la Conaie.

Las protestas en Ecuador tienen una larga historia, especialmente en respuesta a medidas económicas impopulares.

En octubre de 2019, bajo el gobierno de Lenín Moreno, el país vivió uno de los levantamientos más relevantes de su historia reciente. El movimiento indígena y otros sectores sociales se movilizaron en rechazo a la eliminación de subsidios a los combustibles. La represión de estas protestas resultó en numerosos heridos y detenidos, y el conflicto terminó con la derogación de las medidas.

En 2022, durante el gobierno de Guillermo Lasso, también se registraron importantes protestas en contra de diversas políticas económicas y sociales, las cuales resultaron en enfrentamientos con la Policía y paralización de actividades en varias ciudades del país.

Declaraciones de expertos sobre los diferentes panoramas en las marchas

Santiago Cahuasquí, sociólogo y analista político, analizó las recientes protestas o paro como una reacción a las políticas de ajuste estructural del gobierno de Noboa, las cuales han generado un creciente malestar social. “La conflictividad social va en ascenso debido a que las organizaciones de la sociedad civil están adoptando una postura contenciosa contra el gobierno nacional”, explicó.

Cahuasquí también señaló que este tipo de programas de ajuste estructural, que incluyen la eliminación de subsidios y el aumento de impuestos, históricamente han llevado a la caída de gobiernos en Latinoamérica, debido a su impopularidad.

Manifestantes reunidos en el Parque El Arbolito previo a la marcha en Quito. Foto: EL COMERCIO

Cristian Carpio, consultor de riesgo político y docente universitario, destacó las diferencias entre las actuales protestas y las de años anteriores. “Este es un subsidio mucho más focalizado; se ha dejado por fuera al diésel y el gobierno logró negociar con los transportistas“, indicó.

Añadió que la Conaie y otros movimientos sociales han perdido fuerza y cohesión, lo que limita su capacidad de movilización. “La ciudadanía ha puesto como prioridad los temas de seguridad, lo que ha dado al gobierno mayor legitimidad para tomar acciones“, mencionó Carpio.

Rodrigo Jordán, analista social, atribuyó la debilidad de los movimientos sociales a tres factores: el desgaste del movimiento indígena, la pérdida de credibilidad de la izquierda política y la relativa calma lograda por el gobierno de Noboa. “El gobierno debe comenzar a generar una gran intervención en el área social para mantener la paz social”, sugirió Jordán.

También enfatizó la necesidad de abordar problemas de pobreza y desempleo para evitar una escalada de la conflictividad social.

Comparación con marchas anteriores

Las protestas o paro de 2024 contra el gobierno de Daniel Noboa, aunque significativas, no alcanzaron la magnitud de las movilizaciones de 2019 y 2022. En 2019, las protestas lideradas por la Conaie y otros movimientos sociales lograron paralizar el país durante casi dos semanas, resultando en enfrentamientos violentos y la intervención de la policía y el ejército.

En 2022, las manifestaciones también fueron intensas y resultaron en numerosos bloqueos de carreteras y enfrentamientos con las fuerzas de seguridad.

Una de las razones, según los expertos, para la menor intensidad de las protestas actuales, es la fragmentación y debilitamiento de los movimientos sociales. Además, la capacidad de movilización de los sindicatos ha disminuido debido a la falta de unidad y liderazgo claro.

Análisis político y social

Las medidas económicas del gobierno de Daniel Noboa son criticadas por diversos sectores como regresivas y perjudiciales para los más pobres. Santiago Cahuasquí señaló que las políticas de ajuste estructural suelen generar descontento social y afectar negativamente a los sectores más vulnerables. “Estas políticas están provocando un malestar en los actores sociales organizados, quienes representan a los sectores populares más afectados”, afirmó.

Cristian Carpio, por su parte, subrayó que, a pesar del descontento y el paro, el gobierno de Daniel Noboa logra mantener cierto apoyo popular gracias a su enfoque en la seguridad. “La prioridad de la ciudadanía es la seguridad, lo que ha permitido al gobierno tomar medidas impopulares sin enfrentar una oposición tan fuerte como en el pasado”, explicó.

Rodrigo Jordán enfatizó la necesidad de que el gobierno de Daniel Noboa aborde problemas sociales y económicos para evitar una mayor escalada de las protestas. “El gobierno debe salir de este carácter monotemático, de solo hablar de seguridad y comenzar a generar una gran intervención en el área social“, sugirió.

Perspectivas futuras sobre las movilizaciones

La situación en Ecuador sigue siendo tensa, y las protestas del 4 de julio podrían ser solo el comienzo de una serie de movilizaciones en respuesta a las políticas del Gobierno.

Los expertos coinciden en que la capacidad del Gobierno para manejar el descontento social y abordar los problemas económicos será crucial en los próximos meses.

La Confederación Ecuatoriana de Organizaciones Sindicales Libres antes de la marcha hacia el centro de Quito. Foto: EL COMERCIO

Si bien las protestas actuales o paro contra Daniel Noboa no han alcanzado la intensidad de las movilizaciones de años anteriores, la fragmentación y debilitamiento de los movimientos sociales no garantizan que la situación se mantenga bajo control. La posibilidad de que se sumen nuevos actores sociales, como el movimiento indígena, podría aumentar la presión sobre el Gobierno. En este contexto, la administración de Noboa deberá equilibrar la implementación de sus políticas económicas con la necesidad de mantener la paz social y responder a las demandas de los sectores más afectados. La forma en que el Gobierno maneje esta delicada situación determinará en gran medida su estabilidad y popularidad en el futuro inmediato.

 Por: EL COMERCIO