Opinión

Mamacha del cuidado

Jorge Alania Vera
Jorge.alania@gmail.com
Desde Lima, Perú, para LA NACIÓN, de Guayaquil, Ecuador

Desde el 30 de agosto, día de Santa Rosa de Lima y de la Enfermería Nacional, por iniciativa de la decana del Colegio de Enfermeras, Liliana La Rosa, “Mamacha de la Vida o Mamacha del Cuidado”, hermosa obra de arte de Rosamar Corcuera, ocupa un espacio privilegiado en la sede institucional de dicho colegio profesional.

En la pandemia que aún nos golpea y cuyo futuro ha arrojado una sombra de incertidumbre con la cual tenemos que lidiar todos los días, las enfermeras y enfermeros del país han entregado una singular cuota de sacrifico con un centenar y medio de profesionales fallecidos en el ejercicio de esos cuidados indispensables que la mamacha arropa.

En la primera línea de batalla, profesionales de todas las edades y de todos los lugares del país, estaban allí luchando contra el coronavirus pese a las limitaciones del sistema sanitario y a la indiferencia cuando no maltrato de que han sido víctimas permanentemente. No importaban las horas ni los riesgos ni las precariedades. En ese combate desigual contra la muerte supieron ser héroes y heroínas silenciosas, dando un ejemplo de ética y verdad.

Melissa, una muchachita iquiteña de 30 años que trabajaba sin gozar de ningún derecho laboral, fue la primera enfermera en morir. Era abril del 2020 y la tragedia estaba comenzando. Luego vendrían más a sumarse a la fatídica lista. Sin estridencia y con un estoicismo edificante puso su nombre y su vida al servicio de sus pacientes, al abrigo final de la Mamacha que les dio el valor y que seguramente las esperaba en el reino de los reinos.

¡Mamacha del amor turquesa y de la abnegación de las manos extendidas! ¡Flor de todas las tierras del Perú, dales tu bendición ahora y siempre!