Opinión

Lustrabotas

Claudio Campos

claudiocampos142@hotmail.com

@claudioncampos

Igumenitza tiene la gran particularidad que sus habitantes aún se despiertan con la campana de la iglesia más antigua que a las 6hs invita a todos a comenzar con las diferentes rutinas. Takis Kolobos se crió a escasas cuadras por lo que ese sonido se convirtió desde muy pequeño como parte de su idiosincrasia. Con apenas 8 años de edad al abrir los ojos lo primero que hacía era salir a dar una vuelta en bicicleta por la plaza central, saludar a los primeros comerciantes y llevar el pan “pita” para el desayuno.

Una mañana esa rutina se extendió más de lo normal porque en la tienda contigua a la panadería había un extranjero solicitando le colaboren reparando unos zapatos hasta ese momento extraños para el mancebo. La cara de sorpresa llamó la atención del foráneo que con mucha amabilidad le preguntó, ¿Sabes para que son estos zapatos? viendo la cara de asombro y que el niño no respondía le dijo, los dejaré reparando, te pido de favor que mañana lo lleves al estadio municipal de Loannina, y ahí te enseñaré para que los utilizo; sin pronunciar una palabra el pequeño Takis movió su cabeza acentuando que lo haría. Al día siguiente abrió sus ojos antes que las infaltables campanadas y espero hasta que el zapatero abra su local, luego de cruzar unas palabras con el comerciante retiró el encargo y fue con su bicicleta hasta el lugar indicado, que quedaba a unos 25 minutos.

Al llegar vio que el foráneo tomaba un desayuno en una cafetería frente al estadio, se acercó a él y le dijo, aquí tiene sus zapatos, ahora me dirá ¿Para qué sirven? claro que sí, acompáñame exclamó mientras tomaba el ultimo sorbo de café. Takis ingresó a un mundo desconocido, aquel hombre era un futbolista destacado y desde ese momento lo tomó como su ayudante, excusa perfecta para hacerlo disfrutar y conocer cómo vive un deportista élite. El niño creció llevando hasta el campo de juego los zapatos del jugador, siendo su asistente personal sin saber que con el paso de los años se convertiría en el utilero del club más querido de la zona con el que tuvo la oportunidad de conocer el mundo, tener muchos amigos y entender que la vida nos da muchas campanadas para incitarnos a buscar nuestro futuro. Hoy aquel inquieto jovencito mantiene una estrecha amistad con el futbolista más allá que vive en otro país y hace tiempo no se ven, el gran detalle es que cada vez que llega una nueva contratación al plantel le cuenta como él llego a ese lugar, homenajeando aquel hombre que le dio la oportunidad de ser alguien en la vida simplemente lustrándole las botas.

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