Ciencia

Los virus ancestrales de nuestro ADN nos ayudan a combatir las infecciones

Los segmentos de ADN viral que forman parte de nuestro genoma regulan algunos de los genes fundamentales de nuestro sistema inmune innato

ESPAÑA. Nuestro genoma está plagado de virus. De hecho, los expertos estiman que en torno al 80% de nuestro ADN tiene un origen vírico. Y estos virus denominados ‘endógenos’, que no son sino el residuo de las batallas libradas entre los virus y nuestros ancestros, juegan un papel muy importante en la lucha contra las infecciones. Es decir, no son, como se ha sospechado tradicionalmente, una mera rareza sin ninguna función biológica. Por el contrario, como muestra un estudio llevado a cabo por investigadores de la Facultad de Medicina de la Universidad de Utah en Salt Lake City (EE.UU.) y publicado en la revista «Science», la evolución ha reciclado algunos de estos remanentes virales y los ha transformado en armas contra los de su propia especie.

Concretamente, el estudio muestra cómo los segmentos de ADN viral incrustados en nuestro genoma regulan algunos de los genes fundamentales de nuestro sistema inmune innato, esto es, la primera línea de defensa frente a los patógenos, caso de los virus. Tal es así que la eliminación de estos segmentos conlleva una merma muy significativa de nuestro sistema inmune.

Como explica Cédric Feschotte, co-autor de la investigación, «nuestros resultados muestran que algunos de estos virus endógenos han dado forma a nuestra biología. Y es que los genomas de los mamíferos contienen reservorios de ADN viral que han alimentado la innovación del sistema inmunitario innato».

Virus frente a virus
Cuando un mamífero, caso de un ser humano, sufre una infección, el sistema inmunitario innato produce unas proteínas denominadas ‘interferones’ que inducen la activación por las células de cientos de genes para combatir la invasión. Y según muestra el estudio, entre los segmentos de ADN –esto es, los genes– activados por los interferones se encuentran miles de retrovirus endógenos. Es más; estos virus ancestrales no se sitúan al azar dentro de la cadena de ADN, sino que se localizan junto a muchos de los genes que juegan un papel muy activo en la respuesta inmune.

Y una vez activados, tal y como ocurre con sus homólogos exógenos, ¿estos virus endógenos no son infecciosos para nuestro organismo? Pues parece ser que no, pues como apuntan los autores, «estos retrovirus aterrizaron en nuestros genomas hace millones de años y hace ya mucho tiempo que perdieron su capacidad de producir partículas infecciosas».

Así, y con objeto de demostrar su funcionalidad, los autores utilizaron técnicas de ingeniería genética para eliminar algunos segmentos de ADN viral próximos a genes implicados en el sistema inmune. Los resultados mostraron que, una vez suprimidos los virus endógenos, los genes inmunitarios adyacentes fueron incapaces de activarse correctamente tras su exposición al interferón, lo que confirma que su activación está mediada por estos segmentos virales. Asimismo, la supresión del ADN viral cercano a un gen del sistema inmune frente a los virus –el gen ‘AIM2’– conllevó que, tras la infección de la célula por un virus, la respuesta inmune fuera mínima y totalmente insuficiente.

Por tanto, destacan los investigadores, «una vez combinados, los resultados muestran que el ADN viral ancestral se ha convertido en una parte importante para ofrecer una respuesta inmune adecuada frente a los virus actuales». O como refiere Edward Choung, director del estudio, «la respuesta al interferón es algo así como el sistema de alarma de la célula. Y lo que hemos encontrado es que algunos de los interruptores más importantes de este sistema derivan los virus ancestrales».

Mecanismo evolutivo
En definitiva, nuestro organismo no sólo utiliza ‘sus’ virus para combatir otros virus e infecciones. Simplemente, los necesita.

Como concluye Nels C. Elde, co-autor del estudio, «el que el sistema inmune innato haya reclamado y reclutado algunos de estos virus ancestrales no ha sido por accidente. Muchos de los virus entraron originalmente en nuestros genomas como parte de su proceso de replicación viral, y lo que hizo la evolución fue darle la vuelta a la tortilla para nuestro beneficio. (ABC/La Nación)