Opinión

Los viejitos de Bernalda

María Cristina Menéndez Neale

Cristimenendez85@gmail.com

@CristiMenendezN

Siempre he escuchado que el Sur de Italia es especial, pero de esa zona creo que pocos conocen Bernalda, de donde viene Francis Ford Coppola, un pueblito lleno de vida… o capaz no tanto. Pasar unos días en ese pueblo, es como encontrarse dentro de una película.

Todos los restaurantes, farmacias, tienditas y el único hotel están ubicados en la única avenida que tiene el pueblo. Madres y niños, niños y amigos, jóvenes y chicas, todos pasean por la avenida a pie y en bicicleta; apenas vi un par de carros andando. La avenida no es muy larga, pero es la única calle que atraviesa todo el pueblo.

Algo que convierte a esa avenida en una muy singular, es que cada una de sus cuadras, sobre el lado izquierdo (depende desde qué lado uno esté parado observando) está llena de bancas de cemento y sillas plásticas que parecen sacadas de algunos locales hacia las veredas, donde se sientan viejos, en diversos grupos de cinco o de a diez para conversar de fútbol y alguna otra cosa.

Son varios días los que estuve observando a esos señores, y me llama la atención que pasan sentados, charlando, desde las ocho de la mañana hasta las ocho de la noche. Me pregunto qué serán de sus mujeres… Capaz algunos ya no las tengan, pero los que todavía las tienen, ¿qué hay de ellas durante todo el día?

En ningún momento vi a una anciana caminar por la avenida, y cuando recorrí todas las calles angostas de ese pueblito, no percibí ni un solo ruido dentro de sus casas. Apenas de una sola, donde escuché lavándose ollas y platos, pero no escuché a ninguna señora ni las vi merodear por ahí.  Solo vi uno que otro niño andando en bicicleta, pero esos niños los vi a montones en la avenida.

Sin duda alguna, algo extraño sucede en ese pueblo; sobre todo con esos viejos que no se levantan ni en la hora de almuerzo, cuando los demás si dejan la avenida a esa hora. ¿Será que…. aunque parecían saludables; no estaban morados ni tenían heridas y no parecían perdidos buscando cruzar alguna luz. Se los veía felices, todos hablando al mismo tiempo. ¿Y sus mujeres? Pueda que hayan dejado a sus maridos porque estaban hartas del fútbol y por eso ellos no van a casa porque no tienen qué comer… pero ellas tendrían que haberse ido hace mucho tiempo, porque se los veía felices.

Son bastantes grupos de ancianos, y el resto de los pueblerinos no parecen percatarse de ellos cuando caminan a su lado. ¿Por qué solo yo los veía? ¿O será que porque soy la extranjera y eso fue nuevo para mí, me llamó la atención? ¡Pero es que nadie más los volteaba a ver!

Antes de ayer visité una cafetería del lado derecho de la avenida y me senté en una mesa de afuera, para poder observarlos. Unos estaban concentrados viendo un partido de fútbol que estaba transmitiendo el televisor de un bar, ninguno hablaba. El bar era pequeño, por ende muchos de los viejos estaban fuera de éste tratando de ver el partido de adentro. Un niño pasó caminando entre ellos, y se le cayó un helado de chocolate al piso. El niño se agachó, tomó el cono, y empezó con una de sus manos a colocar el helado sucio dentro del cono. Uno de los viejos sentado en una silla plástica, empezó a mover su mano, en señal de que salga el muchachito de ahí… pero el niño no se inmutaba. Otro viejo, el único alto que vi de todo Bernalda, se le acercó y se le puso de frente, con los brazos sobre su cintura, observándolo con el ceño fruncido como queriendo asustarlo; pero el niño tampoco pareció percibir la presencia de ese viejo, porque al levantarse con su helado medio derretido, no alzó su mirada y continuó su paso hacia al frente, pasando entre las piernas del anciano que las tenía abiertas. El viejo miró al niño pasar mientras se rascaba la cabeza y luego interactuó con la mirada del viejo de la silla, el que hacía las señas. El niño no percibió nada.

Algunas veces quise preguntar al personal del hotel sobre los viejos, pero temí quedar como loca…así que ayer que fue mi último día, traté de hacer algo similar al niño. Necesitaba tocar a alguno de ellos, parecían de carne y hueso, pero necesitaba tocarlos. Así que caminé hacia una de las cuadras donde estaban. Me quedé quieta a lado de un grupo tratando de pensar cómo interactuar con ellos pero no se me ocurría nada. En un principio pensé en sentarme a lado de alguno de ellos como si nada en alguna de las bancas de cemento que forman parte de la vereda, y actuar como si leyera un libro, y así rozar mi codo o lo que sea, por accidente, con él para sentirlo… pero eso fue imposible ya que la banca estaba ocupada por todos ellos, y habían otros parados cerrando paso a ésta.

Pensé en tropezar con algo para caerme y ver si llamaba su atención y así alguno me ayudara a levantar, pero algo me decía que no saldría bien ese plan. Después de estar parada varios minutos junto a ellos sin que me sientan, dudé en que se dieran cuenta de la caída. Estaban muy conversadores y algo gritones; estaban teniendo una discusión un poco acalorada sobre algún jugador de fútbol. Un tal Dino Zoff.

De pronto, no sé qué me pasó, simplemente hundí mi dedo índice en la parte de atrás del cuello de un viejo, y enseguida me acerqué más y decidí tomarlo del brazo. El viejo se volteó, me vio y luego dirigió sus ojos sobre mi mano que lo agarraba. Los demás enmudecieron y solo me observaron muy serios. Sentí miedo; la mirada de todos y el brazo frío del viejo me habían paralizado, haciendo que mi mano siga sobre su brazo.

El clima había sido caluroso todos esos días, ¿por qué tendría su brazo tan frío? De pronto, el viejo alzó su brazo y besó mi mano. Esto hizo que me sacuda y me de la media vuelta; empecé a caminar rápido hacia el hotel. A mis espaldas, pude escuchar de nuevo el nombre del tal jugador Zoff…

Llegando al hotel, vi por primera vez a uno de los viejos parado en la entrada de éste. Debajo de su brazo tenía un periódico, que lucía algo amarillento. Estaba arrimado a un costado de la puerta de la recepción. Nunca vi a los ancianos en este lado de la avenida. ¿Será que enviaron a ese para que me aceche porque se dieron cuenta que los noté? O capaz estaba esperando a alguien…Bajé la mirada mientras seguí caminando, pasé por su lado; solo vi sus pies cuyos zapatos parecían recién lustrados, y entré. Me dirigí rápido hacia mi dormitorio, donde me senté en el sillón junto a la entrada de éste a hacer guardia para cerciorarme de que no entre ningún viejo a mi habitación, mientras recordaba lo frío que estaba ese brazo, y sus labios también…Horas después desperté en el mismo sillón; me había quedado dormida. El miedo se despejó de mi mente, y empecé a sentir que estaba siendo parte de una película.

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