Opinión

 Los silencios más ruidosos están llenos de todo lo que ya se ha dicho…

Dr. Miguel Palacios Frugone/Guayaquil

 

Soy una parte del universo.

Estuve en el nacimiento de mis pensamientos.

No creo ser más del que más, ni menos del que menos.

Nuestra vida es un consiente de percepción.

Es una realidad de nuestro estado de conciencia.

Solo en la naturaleza se encuentra el plan perfecto del vivir.

En sus entrañas se encuentran las inagotables fuentes de sabiduría; en su comprensión se encuentran todas las explicaciones.

Cuando veo lo maravilloso de un atardecer cualquiera, infiero que la belleza tiene que devenir conceptualmente de una energía superior.

Una fuerza suprema que ha existido antes de la concepción del tiempo.

Ha estado presente en el precedente y el después.

Los humanos hemos sido beneficiados con un discernimiento concebible para que nuestro propósito de la existencia sea el aprender.

Nos nutrimos de experiencias que se vuelven consecuencias aprendidas.

Actuamos con nuestra conciencia moral.

La misma es el acto del espíritu que antes de la acción dicta lo que se debe hacer y después de la acción; te juzga lo hecho.

El buen juicio es el resultado de la experiencia y la experiencia es el resultado de los malos juicios.

En última instancia, todas las decisiones de los seres humanos se reducen a obtener el mayor placer o a tener el menor dolor.

En el transcurso de la vida vamos aprendiendo lo que debemos hacer.

No es difícil hacer lo correcto; lo difícil es saber que es lo correcto. Pero cuando se sabe que es lo correcto, es imposible no hacer lo correcto.

Para que lo que hagas sea bueno debe tener dos condiciones:

La primera es que cualquier cosa que hagas; te haga feliz.

La segunda es que cualquier cosa que hagas; no lastime a los que amas.

Soy un consiente sin conciencia del saber.

Debemos reconocer la inexistencia del tiempo.

El mismo es solo un invento humano para dar sentido a la experiencia.

El pasado no existe; el futuro peor.

La única realidad es nuestro presente y lo comprendemos porque lo percibimos.

Esa es la razón por la que el presente es intemporal.

Lo es porque carece de tiempo.

Es una existencia entre pasado y futuro, por lo que existe entre dos inexistencialidades y nada puede existir dentro de dos inexistencialidades.

Sabemos quiénes somos por la convicción resultante de lo discernido por nuestro juicio.

Los animales sin esa capacidad de deducción se regulan bajo las normas impuestas por un código genético.

Dios es una consecuencia intelectual.

La fe humana es una urgencia de convicción que se proclama por aquello que se ignora.

Bajo su creencia reconocemos lo limitada de nuestra erudición con relación al todo.

Si no se sabe todo no se sabe nada; puesto que todo es parte de todo.

No sabemos las respuestas de todas las preguntas.

Delegamos la responsabilidad de responderlas a un entendimiento superior.

Por ello las preguntas más importantes son aquellas que decidimos no preguntar.

Todo lo que creamos constituye una verdad.

La posibilidad de otra verdad sobre cualquier verdad es solo otro punto de vista sobre cualquier punto de vista.

Ama con intensidad y vive a plenitud, pero si como consecuencia no tiene consecuencia, debes repetir lo que hayas hecho.

Para que todo siga igual es preciso que algo cambie.

A fin de cuentas; los silencios más ruidosos están llenos de todo lo que ya se ha dicho…