Opinión

Los seres humanos no fuimos hechos solo para hablar, trabajar o sobrevivir

(Rafi Rodríguez)
COLABORACIÓN DE LA DRA. PATRICIA AGUIRRE DE MARTIRE/Guayaquil

 

 

También fuimos hechos para sentir el contacto físico.
Desde que nacemos, nuestro cuerpo aprende que el amor también se expresa a través de la piel. Un bebé se tranquiliza cuando lo abrazan, un niño encuentra seguridad en unos brazos que lo protegen, y esa necesidad nunca desaparece. Crecemos, envejecemos, cambiamos por fuera… pero el corazón sigue necesitando cercanía.
Hay abrazos que no resuelven los problemas, pero alivian el peso de llevarlos solos. Hay manos que no curan una enfermedad, pero sanan el miedo. Hay una presencia silenciosa que vale más que cualquier consejo.
Quizá por eso la soledad duele tanto: porque no solo extrañamos la conversación, sino también el contacto humano. Extrañamos sentir que alguien nos recibe con afecto, que nuestra existencia importa para otro ser humano.
Nunca sabemos cuánto puede necesitar un abrazo la persona que tenemos delante. A veces, detrás de una sonrisa, hay un alma esperando un gesto de ternura.
No permitamos que la prisa nos robe aquello que nos hace profundamente humanos. Abracemos más. Acerquémonos más. Toquemos la vida de los demás con respeto, con delicadeza y con amor.
Porque, en ocasiones, un abrazo no cambia el mundo… pero sí puede cambiar el mundo de quien lo recibe.