Ciencia

Los remates de cabeza en el fútbol pueden provocar síntomas de conmoción cerebral

El 30% de los jugadores que golpean el balón con la cabeza más de un millar de veces al año tienen un mayor riesgo de cambios microestructurales en la sustancia blanca cerebral

ESPAÑA. En los últimos años se han desarrollado numerosos estudios para evaluar el riesgo de conmociones cerebrales asociado a la práctica del fútbol americano, no tanto entre los jugadores profesionales como en los niños. Y los resultados han sido tan concluyentes como alarmantes: el riesgo de conmociones no es, ni mucho menos, desdeñable. Pero, ¿qué ocurre con otros deportes en los que también existe el contacto, si bien no tan exagerado? O más concretamente, ¿qué pasa con ‘nuestro’ fútbol? Pues que según muestra un estudio llevado a cabo por investigadores de la Faculta de Medicina Albert Einstein de la Universidad Yeshiva en Nueva York (EE.UU.), el riesgo de conmociones también es considerable. Y no solo por las posibles colisiones contra otros jugadores –o los árbitros– o contra las porterías. También por el simple hecho de rematar el balón con la cabeza.

Como explica Michael L. Lipton, director de esta investigación publicada en la revista «Neurology», «la creencia tradicional dice que los remates de cabeza rutinarios en el fútbol son inocuos y que solo tenemos que preocuparnos por los jugadores cuando sus cabezas sufren una colisión accidental e inintencionada. Sin embargo, nuestro trabajo sugiere que no hace falta una colisión abierta para tengamos que preocuparnos. Muchos jugadores que golpean el balón frecuentemente con la cabeza experimentan síntomas típicos de las conmociones cerebrales, caso de cefaleas, confusión o mareos durante los entrenamientos y partidos, incluso aunque nunca hayan recibido un diagnóstico de conmoción cerebral».

Impactos cerebrales

Es bien sabido que las conmociones cerebrales aumentan, y mucho, el riesgo de problemas neurológicos. Sin embargo, ¿qué sucede con los, digamos, impactos menores, caso de los que se producen al rematar o despejar un balón con la cabeza?

Para responder a esta pregunta, los autores solicitaron a 222 jugadores amateurs de fútbol con edades entre los 18 y los 55 años –el 80% varones– que contestaran distintos cuestionarios sobre sus entrenamientos y partidos en las últimas dos semanas, especificando si recordaban haber rematado de cabeza o sufrido impactos accidentales que pudieran haberles provocada una cefalea, dolor o mareos o, incluso, síntomas más graves como el aturdimiento o la inconsciencia. En total, los autores recabaron 470 cuestionarios completados en un periodo de nueve meses.

De acuerdo con los resultados, en torno a un 35% de los participantes recordó haber sufrido un impacto accidental en la cabeza, a los que se suma el 16% que aseguró haber sufrido, como mínimo, dos impactos. Asimismo, la cifra promedio de despejes o remates de cabeza por participante se estableció en 40,5. Y lo que es más importante, mientras que el 20% de los futbolistas reconoció haber experimentado síntomas de carácter moderado-grave asociados a una conmoción cerebral, el 18% sufrió síntomas graves y el 7% síntomas ‘muy graves’.

Y estas presuntas conmociones cerebrales, ¿cómo se originaron? Pues por lo general, por impactos accidentales en la cabeza. Pero también por los remates y despejes del balón, que se presentaron como un factor de riesgo independiente para la aparición de los síntomas típicos de una conmoción cerebral.

Como refiere Michael Lipton, «nuestros hallazgos son consistentes con los alcanzados en uno de nuestros estudios previos, en los que se observa que el 30% de los jugadores de fútbol que golpean el balón con la cabeza más de un millar de veces al año tienen un mayor riesgo de cambios microestructurales en la sustancia blanca cerebral típicos de los traumatismos cerebrales y una peor función cognitiva».

Jugar con cabeza

En definitiva, parece que nuestro fútbol no es tan dañino para el cerebro como el estadounidense. Pero ello no implica que, como revela este estudio, sea totalmente inocuo para nuestras neuronas cerebrales. Así, la solución pasa por evitar cabecear el balón –para deleite de los entrenadores rivales– o, en caso de experimentar algún síntoma de conmoción cerebral, tomárselo con calma y pasar un tiempo en el banquillo.

Como concluye Michael Lipton, «las personas que sufren una conmoción deberían evitar colisiones adicionales o impactos en la cabeza durante los siguientes días o semanas, cuando su riesgo de sufrir una segunda conmoción es extremadamente elevado. Además, y si bien este tipo de lesiones suelen ser ignoradas o no tratadas, pueden tener consecuencias clínicas muy importantes tanto a corto como a largo plazo». (ABC/LA NACIÓN)