Opinión

Los pueblos y su historia

Jorge A. Gallardo Moscoso/Guayaquil

Mientras haya interesados en despejar dudas sobre cómo su lugar de nacimiento aparece en la escena territorial, cuáles fueron sus primeros habitantes, quién le puso el nombre, qué sucede con el transcurrir del tiempo, quiénes han sido sus gobernantes y se respondan otras interrogantes, no solo que se descubren los hechos, sino, principalmente, que hay una comunidad entera beneficiada porque sabe de dónde viene, donde se encuentra y adónde va.

Las historias se cuentan y se escriben desde variados puntos de vista. Unos tantos y nada tontos o inocentes, lo hacen en procura de satisfacer intereses nada santos y, por consiguiente, muy particulares. También están las que llegan a conclusiones tras investigar y consultar en un ámbito demasiado reducido. (Sucede mucho entre los periodistas que cuentan la versión de los testigos reunidos en la esquina y obvian las fuentes oficiales). Hay aquellas historias que reflejan profundidad y tienen respaldo bibliográfico abundante. Podrían describirse otros tipos donde la amplísima imaginación opaca y destruye brutalmente la realidad. Aun así, todos los trabajos aportan luces importantes.

Cuando la historia queda estampada en una publicación, tener presente que ella tendrá contradictores no es un absurdo, es lo apropiado. No se sabe si serán pocos o muchos, pero alrededor de la reciente presentación de “Resumen de la historia PIÑAS (Quichua: Tierra de Hombres Rebeldes y Valientes), de José Gallardo Moscoso, hay que decir que se trata de una estupenda contribución y que, probablemente, era lo que le estaba faltando a la historia de este grandioso cantón orense.

Recorrer sus páginas para conocer el origen del nombre Piñas y establecer que fueron los Cañaris los que lo implantaron y significa (tierra de rebeldes y valientes). Confirmar que la primera cantonización fue de hecho y duró entre 1895 y 1897 con el nombre de Independencia. Que en derecho tuvo vida libre el 8 de Noviembre de 1940 y que ese mismo día se entonó su himno. Que en distintas ocasiones se usó el membrete de San José de Piñas en los encabezados municipales. Que el gentilicio piñasiense está muy bien usado, según la académica Susana de Espinoza. Que el pueblo de Piñas fue fundamental para la Gloria de la Batalla de Panupali y que coterráneos han tenido rol preponderante en la defensa territorial. En fin, sus leyendas, sitios trascendentes y más, cubiertos por bellas y únicas orquídeas, nos entrega también este libro.

Felicitaciones a su autor y a la comunidad piñasiense por su tan rica y bella historia, matizada con descartadas fundación española y pepitas de oro de forma de piña, para concluir que esa tierra fue propiedad cañari y más tarde asentamiento mestizo hasta nuestros días.