Ciencia

Los misterios de la menopausia: el desafío de un proceso biológico sin sentido

Se trata de una fase de la vida de las mujeres marcada por el cese de los periodos. Pero esta descripción aparentemente sencilla esconde grandes y oscuros interrogantes

EEUU. Existen algunas cosas que la ciencia no sabe sobre la menopausia: ¿Para qué sirve? ¿Cómo funciona? ¿Cuál es la mejor forma de tratarla? Tal y como explica un detallado reportaje de ‘Nature’, “la vida útil de los ovarios humanos está determinada por una compleja y en su mayoría no identificada colección de factores genéticos, hormonales y ambientales”. También es poco lo que sabemos sobre el momento en que los ovarios empiezan a fallar y los niveles de hormonas a fluctuar.

Quizás deberíamos ser empáticos con esta ignorancia. La menopausia no tiene mucho sentido desde el punto de vista biológico o intelectual. Los humanos están entre los tres únicos grupos de animales que sabemos que la experimentan (los otros son las orcas y los calderones tropicales). Como señala un reciente libro sobre ecología de primates “la menopausia todavía es considerada como una característica distintiva de los humanos”.

El que vivamos mucho más allá de nuestra edad reproductiva es un rompecabezas que se ha explicado con lo que se conoce como la “hipótesis de la abuela”. Según este razonamiento, las mujeres viven mucho más allá de su edad reproductiva porque su presencia beneficia a sus hijos y nietos. Los humanos ya no son diseñados para dar a luz, ya que andar erguidos y poseer un gran cerebro nos ha llevado a tener un tamaño de cadera que hace que parir de pie o sin ayuda sea extremadamente complejo. Las mujeres mayores, por tanto, pueden ser útiles aunque no estén produciendo descendencia.

Después de cumplir los 40 años, los ovarios empiezan a segregar menos estrógeno y esto hace que “el cuerpo se comporte de forma distinta”

Esta idea ha sido cuestionada por el ecologista y biólogo Craig Packer –aunque ha estudiado a los leones y los babuinos, no a las mujeres–. El científico cree que la presencia de hembras “postreproductivas” no da a los animales ninguna ventaja particular: a los cachorros con abuelas les va también como a los que no tienen.

Otra teoría, que la menopausia es producto de la esperanza de vida moderna (antes moríamos más jóvenes, por lo que no tenía tiempo de existir), se desmonta fácilmente. Hay un montón de casos de mujeres que han vivido mucho a lo largo de la historia. El concepto de la menopausia, en cualquier caso, si es moderno: la palabra se inventó en 1821, pero no fue hasta el siglo XX cuando el asunto se convirtió en dogma.

¿Pero qué es la menopausia?

Al menos las definiciones médicas parecen tener claro qué es la menopausia: una fase biológica de la vida de las mujeres marcada por el cese de los periodos debido a una relajación en el funcionamiento de los ovarios. Pero esta descripción aparentemente sencilla esconde grandes y oscuros misterios.

Una mujer nace con más de un millón de óvulos en sus ovarios. Cada mes, libera uno, un proceso desencadenado por la liberación de hormonas, incluyendo el estrógeno. Después de cumplir los 40 años, los ovarios empiezan a segregar menos estrógeno y, citando el maravilloso eufemismo de la organización Women’s Health Concern, esto hace que “el cuerpo se comporte de forma distinta”.

El cuerpo de cada mujer reacciona de una forma distinta a los cambios en los niveles de estrógeno, dificultando ciertos diagnósticos de menopausia

El estrógeno está involucrado en varias funciones corporales y los receptores de la hormona se encuentran en células de todo el cuerpo: el cerebro, el pecho, los huesos, el estómago… Las fluctuaciones hormonales de la menopausia y la perimenopausia (el periodo anterior y posterior a ésta) provocan los famosos sofocos, pero además están relacionadas con deterioro cognitivo, colon irritable, náuseas, dolor en las articulaciones, agrietamiento o descamación de la piel, depresión, atrofia y sequedad vaginal, disminución de la libido, pérdida de memoria y trastornos del sueño, osteoporosis y pie plano. Esta no es una lista exhaustiva, y parte de ella está extraída del reino de los foros de internet y puede ser anecdótica. Pero yo puedo responder por la mayor parte.

El cuerpo de cada mujer reacciona de una forma distinta a los cambios en los niveles de estrógeno, dificultando ciertos diagnósticos de menopausia. Las nuevas directrices del Instituto Nacional para la Salud y la Excelencia del Cuidado (NICE, por sus siglas en inglés), un organismo oficial que elabora recomendaciones sanitarias en Inglaterra y Gales, advierte contra cualquier cosa que no sea la observación para el diagnóstico: incluso la táctica habitual de analizar los niveles de la hormona folículo-estimulante (FSH) carece de sentido, dado lo mucho que puede fluctuar.

En las mujeres 40-45 años de edad se pueden hacer las pruebas de FSH, pero para casi todos los demás el marcador más seguro de la menopausia es la ausencia del periodo: se asume que una mujer ha perdido su función ovárica si no ha tenido la regla en 12 meses. La perimenopausia, en la que me encuentro, se puede diagnosticar mediante períodos irregulares, tal vez gracias a síntomas vasomotores, y –esto es puramente una definición personal– el sentido de que las cosas no están del todo bien. Que, hablando biológicamente, estás perdida.

¿Todo vale?

Durante la conferencia anual de la Sociedad Británica de Menopausia, a la que fui en calidad de periodista –aunque también como una mujer en perimenopausia– aprendí mucho de los ponentes. Aprendí que las enfermedades cardiovasculares son la causa de muerte más común en las mujeres, diez veces más que el cáncer de mama (según el cardiólogo Peter Collins); y que a las mujeres se les puede recetar cualquier cosa de una forma irreflexiva y desconsiderada.

¿Lubricante vaginal? Sí, por favor. ¿Aerosol para calmar los sofocos? Sí, a pesar de que mi bolsa para guardar muestras gratis está a punto de rebosar. ¿Isoflavonoides que deberían balancear los trastornos de estrógeno? Ok, un par de cajas no me vienen mal. ¿Por qué no? Ya estoy tomando magnesio para la confusión cognitiva, vitamina D y antidepresivos para los días bajos, una poción de hierbas y multivitaminas para la buena suerte.

Un trastorno que afecta a la mitad de la población mundial está tristemente ignorado. No hay suficientes datos ni fármacos

Durante la conferencia, la terapeuta psicosexual Trudy Hannington habló de una mujer a la que le habían dado un tubo largo de lubricante vaginal para la sequedad y una dosis recomendada igualmente grande. “Siguió las instrucciones”, contó Hannington, “y logró volver a chillar”.

El apabullante mensaje era consistente: un trastorno que afecta a la mitad de la población mundial está tristemente ignorado. No hay suficientes datos ni fármacos. La falta de atención hacia la menopausia y la salud de la mujer en general siempre han dificultado la vida de cualquiera que intente cuidar a una mujer menopáusica. Y a principios de 2000 empezó a ser mucho más difícil.

Auge y caída de la terapia de reemplazo hormonal

Hasta 2002, a las mujeres que se acercaban a un médico para buscar ayuda con los problemas causados por la menopausia se les prescribía de forma rutinaria la terapia de reemplazo hormonal (HRT). La formulación estándar para las mujeres que todavía tenían útero era una combinación de estrógeno y un progestágeno: progesterona (extraída de plantas) o progestina (agentes progestacionales sintéticos que actúan como la progesterona.

El estrógeno sirve para reemplazar la caída de los niveles naturales de la hormona en el cuerpo y los progestágenos para proteger el endometrio: aunque el mecanismo no está claro, inyectar estrógeno sin un agente progestacional aumenta el riesgo de cáncer de endometrio.

Los titulares de los medios bombardearon a las mujeres con el mensaje de que la terapia de reemplazo hormonal era peligrosa

En EEEU, la HRT más común fue una mezcla de estrógenos que se vendía bajo la marca Premarin, abreviatura de “orina de yeguas preñadas”, ya que se extraía del pis de caballos en cautividad de Dakota del Norte y el oeste de Canadá. A mediados de la década de 1970, fue la quinta droga más prescrita en el país, y sigue siendo una de las más vendidas. De acuerdo con las cifras de ventas, en 2014 fue el 38 fármaco de marca más recetado en los EEUU.

Pero entonces se publicaron los resultados de la Women’s Health Initiative. Este programa de investigación sostenía que la HRT con estrógeno y progesterona aumentaba el riesgo de infarto, de accidente cerebrovascular, de creación de coágulos, de sufrir cáncer de mama (cuyas posibilidades de padecerlo aumentaban hasta en un 26%) y demencia.

Los titulares de los medios bombardearon a las mujeres con el mensaje de que la HRT era peligrosa, a pesar de que desde entonces han salido varios estudios cuestionando los resultados de la Women’s Health Initiative y otras investigaciones parecidas y de que, el propio estudio continuó estudiando los efectos de una terapia sólo con estrógeno.

El bombardeo funcionó, pues incluso cuando lo estaba pasando mal con mi menopausia –sin poder ir a trabajar, con insomnio y sofocones, así como problemas de depresión– resistí. En alguna parte de mi cabeza pensaba: “cáncer de mama”. Cuando finalmente tomé HRT, no tuve que sufrir más el insomnio, fue mágico. Pude dormir de inmediato. Pero suspendí la terapia tan rápido como pude. (Internet/La Nación)