Opinión

Los latinos que odian a los latinos

Catalina Uribe

Diario El Espectador de Colombia

Si bien la posesión de Donald Trump ha traído para muchos miedo y decepción, para unos cuantos ha significado esperanza.

Lo curioso, por no decir lo desconcertante, es que dentro de estos trumpistas esperanzados haya miles de latinos. Por ejemplo, varios de los cubanos que están en este momento atrapados en la frontera con México dicen tener fe en que Trump les permitirá entrar a EE. UU. Difícil. Pero más difícil es entender cómo creen que el mismo presidente que ayer confirmó la construcción del famoso muro y la supresión de visas para miles de refugiados vaya a ser quien les ayude a cumplir su sueño americano. ¿En serio piensan que el muro es sólo para los mexicanos?

No sólo guardan distorsionadas esperanzas quienes padecieron una larga travesía. La semana pasada hubo varios colombianos, de la ahora autoproclamada derecha, que se manifestaron contentos con el discurso inaugural de Trump, entre ellos varios de nuestros políticos y hasta un expresidente. ¿De verdad creen estos convencidos “ciudadanos de bien” que el odio de Trump hacia los latinos nos les llega? ¿Realmente piensan que a Colombia, uno de los países que permanece en varias listas negras y que además guarda un oscuro imaginario en las mentes del mundo, no le caerán los insultos y represalias que ya les han tocado a México y al resto de Centroamérica? ¿Qué les hace creer que Colombia va a salir invicta?

La insistencia de Trump en una “América para los americanos” demuestra un patriotismo arcaico, además de un proteccionismo simplista. Es increíble que haya quien le aplauda. Y más extraordinario que haya latinos que le aplaudan. Pero la naturaleza humana parece ser tal que le permite a la mente ocurrencias extrañas. Así fue al inicio del siglo pasado. Hubo élites económicas e intelectuales judías que no vieron con malos ojos a Mussolini. Creyeron que los tiempos exigían a un hombre fuerte y decidido, alguien capaz de unificar a Italia, de hacerla grande. Luego se enteraron de que la Italia unida no los incluía. Claro, es prudente guardar las proporciones. Todavía Trump no es Mussolini, pero al segundo día de posesionarse ordenó desmontar las páginas en español de la Casa Blanca. Sería bueno que se dejen de engañar los hispanohablantes.

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