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Los hermanos Aguirre Avilés

UNA LEYENDA DEL TURF ECUATORIANO

Silvio Devoto Passano

 sidepaderby@hotmail.com

 GUAYAQUIL. A veces que pienso que el Señor me permitió venir al mundo en el momento preciso, quizás para atestiguar el comienzo glorioso de mi querido Barcelona y los primeros días del hermoso “Santa Cecilia”, finales de los años cuarenta y mediados de los cincuenta del siglo anterior, en su orden.

El sobresaliente conjunto torero alcanzó prontamente la idolatría en base a victorias impensadas ante el mejor equipo del mundo, el fabuloso Millonarios de Bogotá, en el Torneo del Pacífico enfrentando a Emelec, Aucas, Magallanes y Alianza de Lima, la invicta gira a Barranquilla confirmando la verdad de su éxito ante el conjunto de los Embajadores y las varias victorias sobre su rival de barrio, mientras años después, en el entonces lejano y solitario Mapasingue, hoy densamente poblado, emergía airoso el “Santa Cecilia” retando a los hipódromos de los países vecinos con un hermoso espectáculo que dominicalmente reunía a millares de aficionados.

Destacados elementos de la sociedad porteña competían limpia y dignamente con ejemplares de soberbio linaje que defendían los colores de sus caballerizas, muchas de ellas con décadas de existencia, nacidas en el antiguo Jockey Club al amparo de sus progenitores que inculcaron en ellos el apego a la hípica, entre ellos don Juan X. Aguirre Oramas, destacado hombre de la Banca que fundara el stud “Chantilly” con caballos de la tallas de Arrol y Tole Tole; cumplido asistente a carreras, arribaba al hipódromo desde tempranas horas junto a su esposa doña María Avilés, sus nueve hijos varones, Carlos, Juan, Martín, Antonio, José, Xavier, Eduardo, Ernesto y Miguel, y sus cuatro hijas, Mariquita, Meche, Jovita y Teresita.

Todos, los trece, varones y mujeres, fueron propietarios de caballos, y en el recuerdo de los dichosos y entonces jóvenes aficionados, quedan decenas de anécdotas, se acumulan infinidad de recuerdos, se guardan cual tesoro momentos vividos IN SITU, no escuchados de terceras personas, capaces de ser distorsionados por afectos o desafectos.

Nuestra Hípica recuerda anualmente a JOSE ERNESTO AGUIRRE AVILES con el clásico de mayor recorrido de calendario, y este domingo honra también la memoria de cuatro de sus hermanos, Xavier, Eduardo, Ernesto y Miguel.

El querido Pepe, que falleció muy joven, octubre de 1965, era dueño de la cuadra que denominara “Patria” en homenaje al Club de sus amores y en “Monterrico” fundó el stud “Chantilly”, recordando a la antigua caballeriza de su padre en el extinto hipódromo del Parque Forestal.

Xavier, que pasó a residir en Panamá iniciando los años sesenta, tuvo el stud “Imperio”, Eduardo fue propietario el “Adiós mi plata”, Ernesto activó con el “Ñauza” y Miguel el “Cantinero”.

Cinco de los nueve hermanos varones son recordados en esta tarde de carreras como clara muestra de gratitud por su aporte al turf ecuatoriano y sus familiares asistirán al “Miguel Salem Dibo” para entregar los Trofeos puestos en disputa, los mismos que sin lugar a dudas tienen un sabor especial por recordar a miembros de una familia que son una verdadera Leyenda en la centenaria vida del turf ecuatoriano.

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