Opinión

Los fraudes electorales conmienzan en casa

 

Por:  Boris Zelaya Rubí / Honduras

“La selección de candidatos es un proceso decisivo para los partidos o movimientos políticos porque puede ayudar al fortalecimiento de la organización o, por el contrario, constituir un traumatismo que acaba por fracturar la colectividad, por la disputa entre distintos grupos o liderazgos políticos”.

La escogencia “democrática” de los nuevos representantes de entes electorales, con el fin de darle mayor transparencia a los comicios y tener una población satisfecha por el respeto a su decisión, nos obliga a reflexionar sobre diversos aspectos:

En relación a las elecciones internas ¿enviarán representantes a supervisar las de cada partido político? Para nadie es desconocido que los fraudes electorales comienzan en casa, desde ahí surgen las insatisfacciones por las triquiñuelas de siempre.

¿Revisarán a cada escrutador (activistas políticos) para que no porten celulares, y así evitar órdenes superiores o dar información a sus mecenas, registrando sus bolsillos y tener la seguridad de que no porten ningún lápiz ni crayones, para que no agreguen marcas bajo la foto de sus “jefes” o manchar el voto para que sea anulado?
Sería conveniente enviar los alimentos de cada escrutador con personal contratado para ese menester, con el propósito que no se repita la acción de aquel trinquetero por herencia.

¿Cómo harán para supervisar la votación y el escrutinio en los municipios de cada departamento del país? La tarea no es fácil pero no imposible. Una solución sería trasladar la supervisión y el cómputo a voluntarios de algunas universidades, con los gastos de traslado y alimentación pagados por el organismo electoral y con las instrucciones anticipadas por medio de algún cursillo. Para ello deberán contar con las autorizaciones de cada representante de mesa por movimiento interno, siendo protegidos por militares para que los “comandos insurreccionales” no entorpezcan las actividades democráticas.

Las mismas sugerencias deberían aplicarse en las elecciones generales, para evitar el viejo cuento de la venta de credenciales y controlar los cambios de domicilio o traslados para que en municipios donde algún partido gana con mucha ventaja, dejen la mala costumbre de traer unos cuantos votantes a la capital e inflar resultados a favor del que les paga transporte comida y algunos billetes de origen dudoso.

Las acciones oscuras han sido del dominio público, pero atacar la indiferencia de muchos que no ejercen el sufragio en las internas y las generales con la excusa de que “es para lo mismo”, no permitirá que el pueblo sea atropellado constantemente por aquellos que buscan satisfacer su ambición y no a la población.

Con la tentación (estrategia) de adelantar la fecha para los comicios internos, nos atrevemos a sugerirle a los nuevos entes electorales, que establezcan una hora de orientación electoral a través de los medios informativos y que existan brigadas (sin activistas), para enseñarles a los que ejercerán el voto por primera vez, la importancia de hacerlo y la forma ideal para seleccionar a los que sean de su agrado y no permitir la instrucción vergonzosa de marcar el voto con una raya continua.

La intención de nuestras observaciones es para que, con los resultados, las prácticas antañonas de los “herederos del mal” no resulten en divisiones, en conflictos y reclamos públicos, por las escogencias dudosas y los arreglos “por bajeras”, a los que llegan con tal de seguir disfrutando del vicio que adquirieron de seguir disfrutando del poder y las mieles que lo acompañan. La unidad es en los grandes planes que multiplican la fuerza y asegura el triunfo.

Por mientras, seguiremos observando el desempeño de las excelentes personas seleccionadas por su capacidad, no por viveza ni fidelidad “perruna” hacia algún dueño de partido. ¡Ojalá que analicen que la continuidad de la democracia está en sus manos! Los ñangaritas de oficio, tendrán oportunidad después de la derrota, de obstinarse con su apasionamiento de ¡llamar a la insurrección!

Cualquier ciudadano creerá que todas estas opiniones son desvaríos, pero, ¡soñaba el Abad de San Pedro y yo también sé soñar!

De rodillas solo para orar a Dios.