Opinión

LOS ADULTOS TAMBIÉN EXISTEN…

Ing. Agr. Gonzalo Gómez/Guayaquil

Esta marcada obsesión por la juventud ya se ha vuelto ofensiva para los que hemos superado el umbral de la adultez. Y es que a pesar del merecido orgullo por haber llegado a estas instancias sorteando los avatares de la vida; y a pesar de soportar malos Gobiernos cuyo factor común ha sido la inoperancia; además de todo aquello, tenemos que padecer la tortura de ser discriminados por haber perdido la lozanía de los años mozos.

Pero esta exagerada exaltación de los jóvenes por sobre los demás ciudadanos, no es saludable, ni prudente, ni constructiva. Los adultos no queremos arrebatarles sus oportunidades, ¡por el contrario! Estamos listos y dispuestos para ayudarlos a crecer, a aprender, a complementar el valioso aprendizaje que obtuvieron de los libros, con la irremplazable sabiduría que concede la experiencia.

Todo en la vida tiene un proceso, un camino que debe ser recorrido desde el inicio; no se puede saltar ningún trecho. Nadie puede ser abuelo antes de ser padre, ni padre sin haber sido hijo.

¿Acaso ignora el Gobierno que los mayores forjaron y delinearon los caminos para facilitarle el tránsito a los que vienen detrás?

El Gobierno se esfuerza por generar empleo para los jóvenes, pero se olvida que los adultos también necesitan trabajar; especialmente porque ellos mantienen todavía a muchos de esos mancebos y a sus hermanos menores, y que cuando ellos se enrumben a sus propios destinos, sus padres y abuelos todavía sentirán hambre y necesitarán ganarse el pan, aunque sea solo con queso.

Empleo para los jóvenes, préstamos para los jóvenes, becas para los jóvenes, tierras para los jóvenes, emprendimientos para los jóvenes, cargos públicos para los jóvenes, ¿acaso ya no sirven más los adultos? Pareciera que los consideraban desechables, pero fueron ellos quienes cuidaron a esos moceríos; les enseñaron a caminar, a leer, a escribir, a pensar, a discernir, a ser solidarios y compasivos, aunque esto último lo olvidaron por la premura de crecer.

Tendremos que recordarle al Gobierno que los adultos también existen, aunque vivan en el Sur, como alguna vez lo inmortalizó en sus versos ese gran maestro uruguayo Mario Benedetti.

“Hay quienes se desmueren y hay quienes se desviven.

y así entre todos logran lo que era un imposible…

que todo el mundo sepa que el Sur también existe”…