Opinión

LO QUE APRENDIMOS DE LA MINGA

Autor: Juan Gómez Martínez/Colombia

Con la actitud de la minga, o el paro armado, o el acto subversivo, o como se quiera llamar, aprendimos muchas cosas.

Reafirmamos lo que ya sabíamos, en Colombia o en cualquier país del mundo, no puede haber más de una justicia. En Colombia tenemos tres, donde cada una aplica su propia justicia, lo que se consigue es el caos. El caos que estamos viviendo, no sabemos quién la aplica y para qué casos. Por ejemplo: una de las justicias nuestras lleva un año averiguando una fecha y no ha podido. Entonces no se puede proceder y, como consecuencia, no hay justicia.

Con la minga aprendimos que no se puede confiar en una organización que permite que se infiltren grupos criminales en sus actos y, como resultado, se violen las leyes y la Constitución de Colombia. Ese hecho debe tener sanción para la organización responsable.

Con el acto violento de taponamiento de las carreteras, de quema de vehículos, de muerte de un agente del orden, del deterioro de las vías públicas y todos esos actos subversivos, afirmamos lo que sabíamos, que los cultivadores de coca y procesadores de cocaína apelan a cualquier acto violento para proteger sus negocios y para someter a los que se suponen pacíficos.

Aprendimos también que el primer mandatario debe ser prudente y consciente de lo que puede pasar frente a unos grupos infiltrados por la guerrilla y los narcotraficantes. Que debe actuar con energía, pero sin precipitaciones, así como lo hizo el presidente Duque. Cumplió con lo prometido: una vez levantado el bloqueo a las carreteras fue a reunirse con los organizadores de la violencia, pero sin dejarse llevar hasta el sacrificio de su vida como fue advertido. Cumplidor de lo que prometió, sí, pero no bobo como para exponer su vida y con ella el desastre para Colombia. Gracias señor presidente.

Aprendimos que no se puede prometer más de lo que se pueda cumplir, como lo hizo Juanpa –como le gusta que le digamos– y entregarle el compromiso, imposible de cumplir, al que viene. Mentiroso como la minga e irresponsable como los violentos que la acompañaron.

Todo lo que pasó en el suroccidente del país tiene unos responsables, esos responsables son los organizadores de la minga y los llamados infiltrados. Como en todo acto bueno o malo, el responsable de lo que pase debe pagar por lo que suceda. El presidente se comprometió a entregar unos recursos para unas obras importantes y necesarias, pero lo que no debe hacer es darles el dinero a los jefes de las comunidades indígenas. Los dineros se deben entregar en obras controladas por el Gobierno. Ya sabemos lo que puede pasar cuando se les entrega a unas comunidades que se dejan manejar por otros grupos que atentan contra el pueblo colombiano.

Si los responsables de los daños físicos y económicos son los organizadores de los actos, como suponemos, son ellos quienes deben responder por los mismos. La forma de hacerlos pagar los daños es simplemente descontarles de lo prometido el costo de la reparación de vías, las pérdidas de alimentos, las pérdidas de los transportadores. No se puede permitir que los daños, producto de actos ilegales, sigan siendo pagados por todos los colombianos.